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lunes, 25 de agosto de 2014

No hay palabras

Arden mis dedos sobre el teclado, todos tienen miedo, yo también. Un paso me separa del abismo, un salto que tiene la dimensión de un puñado de palabras tristes, que no encuentro, que no existen.  Anoche volví a soñarme pez  en el desierto y desperté deshidratada. Hoy fue un día plano, me despedí en un tibio abrazo del viejo Sauce, sin dolor ni alegría, como quien se despide de un trozo de vida sin notar apenas que habrá de irse para siempre.  Las ideas congestionadas de recuerdos y desmemorias, la soledad habitando cada recoveco de mi cuerpo, las noches de insomnio enmarcando mi rostro y yo que no me atrevo a saltar, que sigo escribiendo para encontrar las palabras que consigan nombrar esta tristeza.  Me distraigo entre ventanas, fumo para ahuyentar los fantasmas, me murmuro entre dientes “tranquila Gabrielita, ya pasará como tantas otras veces ha pasado”,  me levanto y giro lejos de mi eje, me busco en historias ajenas y regreso a la luz persistente de mi viejo monitor, todos tienen miedo, yo también. No existen las palabras. 

jueves, 3 de abril de 2014

Instrucciones

Desde la parte más alta de la montaña de su preferencia, decídase por dar el paso. Por esta vez el abismo no está tan lejos, apenas un salto y listo. No apriete los puños como quien intenta llevar algo consigo, no tiene caso, en el vértigo que la caída provoque, no tendrá más remedio que soltarlo todo. Tener miedo es normal, pero ya ha vivido más de un par de décadas asustado y pusilánime sin querer apenas mirar hacia abajo. No puedo decirle que no habrá de dolerle, nadie regresó nunca para desmentir tal hecho. Tome un minuto para pensar en los que se quedan, pero que no sea más de eso, pues corre el riesgo de arrepentirse y en este sitio nada ha cambiado. Si lo prefiere deje una nota antes del salto, no para dar motivos, tan solo para decir adiós, es de mal gusto irse sin despedirse. Cuando esté listo despréndase de sus vestimentas, volar o caer  no requieren de ornamentos mundanos.  Puede tomar un impulso para alentar el viaje, puede solo dejarse caer, eso no tiene importancia. Una vez que sienta el viento romperle en el rostro abra sus brazos, extienda sus piernas, grite; pero por favor no llore. No haga de esta sublimación espiritual un dramático entuerto. No cierre los ojos y tenga usted un maravilloso viaje.  
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No hay palabras

20:47
Arden mis dedos sobre el teclado, todos tienen miedo, yo también. Un paso me separa del abismo, un salto que tiene la dimensión de un puñado de palabras tristes, que no encuentro, que no existen.  Anoche volví a soñarme pez  en el desierto y desperté deshidratada. Hoy fue un día plano, me despedí en un tibio abrazo del viejo Sauce, sin dolor ni alegría, como quien se despide de un trozo de vida sin notar apenas que habrá de irse para siempre.  Las ideas congestionadas de recuerdos y desmemorias, la soledad habitando cada recoveco de mi cuerpo, las noches de insomnio enmarcando mi rostro y yo que no me atrevo a saltar, que sigo escribiendo para encontrar las palabras que consigan nombrar esta tristeza.  Me distraigo entre ventanas, fumo para ahuyentar los fantasmas, me murmuro entre dientes “tranquila Gabrielita, ya pasará como tantas otras veces ha pasado”,  me levanto y giro lejos de mi eje, me busco en historias ajenas y regreso a la luz persistente de mi viejo monitor, todos tienen miedo, yo también. No existen las palabras. 
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Instrucciones

18:45
Desde la parte más alta de la montaña de su preferencia, decídase por dar el paso. Por esta vez el abismo no está tan lejos, apenas un salto y listo. No apriete los puños como quien intenta llevar algo consigo, no tiene caso, en el vértigo que la caída provoque, no tendrá más remedio que soltarlo todo. Tener miedo es normal, pero ya ha vivido más de un par de décadas asustado y pusilánime sin querer apenas mirar hacia abajo. No puedo decirle que no habrá de dolerle, nadie regresó nunca para desmentir tal hecho. Tome un minuto para pensar en los que se quedan, pero que no sea más de eso, pues corre el riesgo de arrepentirse y en este sitio nada ha cambiado. Si lo prefiere deje una nota antes del salto, no para dar motivos, tan solo para decir adiós, es de mal gusto irse sin despedirse. Cuando esté listo despréndase de sus vestimentas, volar o caer  no requieren de ornamentos mundanos.  Puede tomar un impulso para alentar el viaje, puede solo dejarse caer, eso no tiene importancia. Una vez que sienta el viento romperle en el rostro abra sus brazos, extienda sus piernas, grite; pero por favor no llore. No haga de esta sublimación espiritual un dramático entuerto. No cierre los ojos y tenga usted un maravilloso viaje.  
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