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jueves, 26 de noviembre de 2015

Lo importante

Are: ¿Cómo me veo?
Lila: Pareces un elefante
Are: Oh! Los elefantes son hermosos, gracias.

Que si somos gordas, que si somos flacas; que si vestimos bien o si no hay moda que nos quede; que si la belleza y la norma es ser delgada; que si las flacas son bonitas y entonces son tontas, que si la salud, la imagen y las relaciones; que si somos invisibles o somos “reales”  y que si un montón de cosas que hacen notar la eterna pugna entre lo que somos y lo que se espera que seamos, porque parece que no pudiéramos alejarnos ni siquiera un poco de los mecanismos de control y ahí vamos, dando tumbos, adoptando eufemismos: ahora las gordas somos curvy  y para hacernos visibles modelamos calzones;  sintiendo culpa por el postre que no debíamos comer;  odiando nuestros cuerpos porque tienen royitos o estrías o porque no termina de ser lo suficientemente delgados o torneados o firmes;   y nada, que de todas formas no terminamos de vernos nunca como tendríamos que vernos. 
Ayer fue día internacional en contra de la violencia a las mujeres,  luego entonces mis amigas activistas comenzaron a postear estadísticas y fotos con cifras alarmantes  sobre violencia física, sexual, psicológica y emocional, de toda esa información que circuló ayer en las redes una particularmente me dejo inquieta, el 85% de niñas cree que es gorda y el  57% de niñas cree que es fea.  ¿Cómo putas?   Es decir, en qué momento y de qué forma comienzan a arraigar los parámetros de “belleza” en nuestras cabezas.   Las respuestas facilonas a mi pregunta fueron las obvias: el sistema y los medios.  Si algo no funciona habrá que culpar al sistema, ese ente imaginario, ambiguo que siempre nos parece ajeno. Alguien tendría que decirnos, señor, señora, joven señorita, usted  también es el sistema, pero esa es otra historia.  Y si no basta con culpar al sistema, entonces culpemos a los medios, esos monstruos enajenantes que nos dictan que pensar, cómo actuar, qué vestir, que creer y que  despreciar sin que, pareciera, pudiéramos oponer voluntad alguna.  Pero no me gustan las respuestas facilonas, y cada vez menos disfruto el papel de víctima del sistema, lo que no implica que exima estos dos factores, claro que son determinantes pero supongo hay algo más, siempre hay algo más.  Entonces seguí dando vueltas al asunto, azuzando los sentidos por si algo en el mundo me daba elementos para comprender y así fue, en el transporté público de regreso a casa escuché la conversación de dos jóvenes madres, ambas de complexión regular y ambas meticulosamente arregladas para ser un miércoles  por la noche.   Una de ellas le decía a la otra, es que ya le dije a Sam que si sigue comiendo como come se va a poner gorda y  fea,  a lo que la otra responde, pero Sam no está gorda,  y la primera agrega tiene 8 años y ya tengo que comprarle talla 14, interviene nuevamente la segunda pero es que es alta, finalmente concluye la mamá de Sam, peor tantito gorda y alta va a parecer vaca, ambas ríen.  Levanté la mirada un poco y me di cuenta entonces, que Sam está presente, se encoge de hombros como esperando que nadie más en el camión haya escuchado a su madre o que por lo menos no la noten en ese camino a parecer una vaca gorda y alta.
Hay una fábula de Augusto Monterroso que se llama: La rana que quería ser una rana auténtica, en ella como su nombre lo indica,  narra como una ranita se empeñó toda su vida en lograr ser una rana auténtica, primero observándose compulsivamente en un espejo, después haciendo caso a  lo que decían los demás  y finalmente ejercitando tanto sus ancas hasta que le fueron arrancadas con la triste noticia que quien se las comió aseveró que sabían a pollo.  Disfruto mucho de trabajar este texto con mis tutorados, porque invariablemente aparece el conflicto en torno a la autenticidad, la pregunta concretamente ¿Logra la Rana ser una rana auténtica o no?  Los argumentos se polarizan y son dos, por un lado  los que dicen que no la rana no es auténtica porque pasa su vida atendiendo a lo que los demás le dicen tendría que hacer, por otro lado, los que dicen que sí, lo consigue en tanto que su convicción última es ser auténtica y  está dispuesta a todo para lograrlo.  Y entonces el cuestionamiento reaparece, ¿es auténtico ese deseo de belleza estandarizada?   Acompañada por supuesto del cuestionamiento en contra parte ¿Somos más auténticos por alejarnos de ese canon?

La verdad es que no tengo respuestas, pero sé que me molesta hablar de mujeres reales e invisibles, todas las mujeres somos reales y somos diversas y que bueno que así sea,  que aburrido sería vivir en un mundo plano donde todo fuera curvas o todo fuera rectas. El problema no es ese,  el problema es la energía y el tiempo que gastamos hablando y trabajando para las apariencias,  ahora mismo llevo dos cuartillas (gracias si usted ha llegado hasta este punto en su lectura) dilucidando en torno a la valía o invalidez de la belleza  y este tamborilear de dedos sobre las teclas surgió por una notita que  abre con la interrogante ¿Las mujeres gordas pueden ser bellas?   Y es una alegoría a la belleza de las mujeres de tallas grandes  y está bien,  pero después las mujeres de tallas pequeñas repelan y  nadie habla de lo importante y lo importante no tiene que ver con ser delgada o gorda. Ahí seguimos dando tumbos, defendiendo  lo indefendible  porque ni siquiera tendría que estar en cuestión.   Me encantan las mujeres que se visibilizan por su incursión en el arte o la ciencia o por ser las mamás más maravillosas del universo o  las mejores maestras, médicos, escritoras esas que entran a  la sala  y comienzan a hablar y no importa si pesan 50 o 100 kilos hipnotizan con su discurso, invitan a debatirles a conversar  y qué más da si vienen envueltas en un saco de  papas o al último grito de la moda, los ahí presentes no pueden parar de observarlas porque es más que evidente que sabe de lo que habla. Admiró de sobre manera a esas mujeres que tienen un corazón enorme que se les desborda el amor del pecho  y no importa de dónde ni como llegues tienen el abrazo perfecto  y  que son mamás y abuelas y tías y ellas también vienen en todos tamaños y eso nunca, nunca ha sido un problema.   Y eso,  eso es lo importante, lo que nos hace bellas o terriblemente horrendas. 

martes, 22 de abril de 2014

Bla bla bla

Voy a comenzar a escribir reconociendo que esta vez no tengo la menor idea de cómo comenzar. Había pensado en una entrada larga sobre las vacaciones, era mi intención hablar de Ella, explicar mi superpoder de configurar y desconfigurarme la vida en un solo pase mágico, también quería hablar de él, el hombre de los ojos profundos y los sueños cortos. Pero nada, que la verdad no sé por dónde comenzar. Esta hoja en blanco es como diván de analista al inicio de consulta. El cursor parpadea frente a mí y casi puedo imaginarlo  cruzando su piernita mientras lleva la mano a su mentón y con cara afable pero inquisidora me dice “¿…y bien Gabriela?”  Y bien qué, como odio a ese cursor y como odio al analista. Pero en ambos casos sé que es menester continuar, en el caso del loquero porque igual habré de pagarle, con el cursor porque las ideas me siguen rondando y no pararan hasta verse todas o casi todas, bueno algunas, plasmadas en la pantalla. Al final en ambos casos, es necesario seguir adelante porque de otra forma terminare muriendo asfixia emocional, de congestión de ideas o algo peor. Anoche soñé con peces, es un sueño recurrente. Hoy no he podido concentrarme en terminar el reporte.  Mañana y alba  son palabras que me gustan. Vaya que se siente alivio volver a debrayar a este espacio que es mío y nada más.

lunes, 26 de marzo de 2012

Ella...

Ella, ese sur perpetuo, ese norte extremo, ese sabor a tierra mojada por el llanto de tres noches de  28  vidas cada una. Ella la de las ideas dispersas y las tristezas largas, la de la noche en la mirada y el verano en los dedos. Ella, ese navío olvidado en mitad del pantano. Ella la de los pies descalzos y las sonrisas en clave. La que abraza, la que hiere, la que ama, la que vive, la que olvida, la que muere, la que siente, la que piensa. Ella, la que no es ella, sino otra, siempre otra, nunca la adecuada, nunca la prudente, nunca la precisa. Ella la que escribe y la que calla. Ella, ese espejo en mitad de la nada, esa puerta sin destino, esa ventana sellada. Ella, ella que no soy yo, pero que sin saberlo yo soy un poco ella. 

lunes, 6 de febrero de 2012

Colores

Me concedo muchas libertades, soy imprudente, tomo lo que encuentro en el camino, lo hago mío y  puedo llegar a ser asfixiante.  He querido no ser así, pero entonces pierdo colores, es como si se tratara de una pintura a la que has dedicado una vida entera y al final te das cuenta que los colores saturan la escena y aunque es un lindo cuadro, esta saturado de color, entonces comienzas por borrar un poco de amarillo, y la pintura comienza a perder luminosidad, los azules se hacen más evidentes y sientes frío, entonces eliges quitar un poco de esos azules, dejando al descubierto, un rojo que se torna violento, y así continuas quitando uno a uno, y de pronto sólo la ausencia de color, una gran nada en el  lienzo, perdió cualquier rasgo.  No sé ser mesurada, no entiendo el mundo desde la perspectiva prudente y decorosa, pareciera que todo lo que llega a mis manos es una bomba a segundos de explotar. 

No hago un juicio, por lo menos no en este momento, deseo, deseo tantas cosas que me doy miedo.

martes, 10 de enero de 2012

Auto retrato



Soy yo  rumoraba  la noche

Soy yo  jugueteaban mis manos

Soy yo  descalza y con la cara  sucia

Soy yo  la que espera, la que vive, la que sueña

Soy yo gritaron todas

Soy yo esa  piel de fruta

Soy yo esos días sin nombre

Soy yo relámpago y calma

Soy yo   angustia y delirio

Soy yo la que piensa

Soy yo la que habla

Soy yo la que escucha


Soy yo la que no es

Soy yo  carcajada sonora

Soy yo llanto desesperado

Soy yo golpe y silencio

Soy yo todas ellas

Soy yo la bifurcación de las noches

Soy yo cuerpo de larvas

Soy yo mujer de arena

Soy yo nostalgia en las manos

Soy yo humo olvidado

Soy yo ausencia presente

Soy yo con los pies al viento

Soy yo la que habita en la sombra

Soy yo  palabra, memoria y olvido

Soy yo ventana, espejo y silencio

Soy yo corazón y espinas

Soy yo monstruo de mil cabezas

Soy yo casa embrujada

Soy yo insomnio y tristeza

Soy yo colores y excesos

Soy yo  mujer de tres ojos

Soy yo animal de mil sexos

Soy yo miedo y promesa

Soy yo murmuraba la noche

Soy yo contestaba la luna.

lunes, 2 de enero de 2012

Para comenzar

“Todo cambiará en mi nueva vida pero ahora no”

Tenía muchas ideas para comenzar este post, había hecho una lista mental de la forma en que debían ir organizadas, hice otra lista de las palabras que debería usar: Laberinto, tú, sueño, él, yo, noche, zapato, corazón, etcétera.  Pero nada, las palabras se amotinan, se volvieron inconexas, absurdas, en fin, aquí mi primer post del año:

No todos, no siempre.
Esta es la que sueña
Las mañanas del mundo se conjuntaban de vez en cuando en el centro de su cuerpo, colapsando en mil brillos y obligándola inevitablemente a retorcerse un poco antes de salir de la cama. Hoy era un día de esos, pero pese al estallido de luces, ella se resistió a levantarse, permaneció observando cómo desde su ombligo se proyectaban rayos violetas hasta el techo. Cerró los ojos y comenzó sin intención de dormir, pero sí de prolongar el sueño, a reconstruir el escenario.  Él estaba ahí, en ese mundo onírico del que se había apropiado sin pedir permiso, sentado sobre un rascacielos jugaba los pies al viento.  Ella decidió no subir. La ventaja de soñar sin dormir, es el poder de decisión,  aunque no es absoluto tiene un rango de posibilidad más amplio que cuando se duerme. Metió las manos en sus bolsillos y comenzó a caminar, seguro que se trataba de una mañana muy fría, pues sentía como se entumían sus dedos, bajó la cabeza un poco para no sentir que el aire le reventaba las mejillas pero sobre todo para no verle a él, ahí en la punta del edificio. 
Las calles eran angostas y en las grandes paredes de los edificios se leían las palabras que estaba segura corrían por sus venas, primero intento leerlas todas, supuso era una revelación, si conseguía anotarlas todas, grabarlas en su memoria, tendría los elementos claves para descifrar la construcción de su realidad última; después se dio por vencida, eran demasiadas y muy confusas, así, optó por elegir únicamente 3 y olvidar el resto.
Los trapecistas siempre le habían causado fascinación, pero por algún trauma de la infancia siempre había tenido miedo a las alturas, pero cuando se sueña no importa si dormido o despierto, se puede trascender a esas cosas, así que olvidándose de la presencia de él por un momento, subió  a la parte más alta de un rascacielos y se aferró al trapecio, una nube espesa, palabras más palabras, tomó impulso y justo antes de saltar del otro lado estaba él…
Sí, este post no tiene sentido.

lunes, 24 de octubre de 2011

Memoria, desmemoria y Karma

   Hace unos días decidí  saldar algunas deudas con el destino, así como en la película de Alguien tiene que ceder (sí, sí  yo sé que  no es la mejor película del universo, pero Jack Nicolson me encanta. Sí, también  yo sé que podría ser mi abuelo, pero es muy buen actor, además era tan  sexy) decidí  ponerme en contacto, con las personas con las que en algún momento no he sido amable; por alguna razón se me metió en la cabeza  que  esta racha de mala suerte y mal de amores, en realidad  se debe al Karma; así que me puse en acción y conseguí los correos, teléfonos y direcciones de las personas a  las que en algún momento les rompí el corazón, tampoco es que sean tantas, pero digamos que si son algunas más de las que me gustaría reconocer.

 Supongo que a todas ellas les resultó extraño tener noticias mías después de tanto tiempo. Mientras redactaba cada una de las notas de disculpa, me preguntaba si realmente tenía sentido muy seguramente ya ni se acordarían de tal caso. No es que pensara mandarle nota hasta al niño de cuarto de primaria que se quería casar conmigo cuando creciéramos y yo le dije que no porque era tartamudo y yo no quería que mis hijos fueran tartamudos. Después de todo con  él en la adolescencia fuimos muy buenos amigos  y ahora, tiene una linda esposa y dos retoños, debe agradecer no haberse casado conmigo. 

 Seguí adelante con mi cometido envié correos un par de mensajes por celular y me senté a esperar respuesta, pocos contestaron y los que lo hicieron fue con un comprometido “gracias”, o” ya está olvidado”, supongo pues que así operamos los humanos, olvidamos, hacemos que deje de doler bajo la premisa de si no lo recuerdo no existe. En alguna medida esto debe ser sano, pues siempre es necesario seguir adelante, pero en otros aspectos me parece triste, es como si la gente pasara por nuestras vidas para dejar espacios en blanco.

Dándole vueltas a este asunto, pensaba en mi capacidad de olvido, que es nula o mínima, sí claro que olvido dónde he dejado las llaves o cómo se llama el director de la película justo al salir de la sala, olvido cómo llegar a algún sitio si no es después de unas diez veces de visitarlo, pero nunca olvido  los rostros, los gestos, las palabras, las manías, los tonos de voz, el olor, la forma de las manos, el timbre de la risa de quienes han pasado por mi vida, es como llevarlos tatuados, y pudieron romperme el corazón o no, pude haber sufrido o gozado, fueron importantes y aquí van, viajan conmigo.

Sí, sé que no es fácil de entender, hay quien me ha dicho que es como vivir en una casa embrujada, pero yo no lo creo así, es más sencillo que eso, es simplemente saber que las personas no son desechable y que si en algún momento damos la llave para que alguien entre es porque algo valioso encontramos en ese alguien y si las cosas no funcionan, no van por donde esperábamos, no quiere decir que el otro pierda valía.  Es cómo tener un  condominio en la memoria, donde los momentos y las personas se quedan para siempre, porque son importantes.   Nunca he mentido cuando digo “Yo te voy a llevar conmigo siempre” .

sábado, 22 de octubre de 2011

palabras

En el último momento, mientras todo (literalmente) arde me decido a desnudar las palabras, mostrarlas descarnadas, no las quiero llevar conmigo, al final nunca supe usar las correctas, siempre fueron otras, debidamente cuidadas pero otras.   Toda la vida creí en las propiedades mágicas de ellas, quizás por eso las usaba con tanto tiento, siempre fui una aprendiz del lenguaje y en mi afán de perfeccionar tal arte, nunca pude decir la verdad. No, eso no quiere decir que todo haya sido una mentira en sentido estricto, se trato más bien de una develación constante, de un habitar en el límite y asimilar la caída.  Sé muy bien ahora, cualquier cosa que diga será utilizada en mi contra, pero  no me importa, de cualquier forma no hay manera de desentintar las hojas, para contar otras historias, explorar otros mundos o mirar otros ojos.  

Descubrí quizás antes de lo debido la luz en las palabras y desde entonces me enamore de la noche, me volví amante precoz de cada desquicio de oscuridad donde ellas pudieran brillar, deje de ser yo acercándome cada vez más a las miles que me habitan, renuncie al uno para enlazarme infinitamente con lo múltiple, suspendí el andar por el camino recto y me abrace a la posibilidad. Es quizás esta la condena, un pozo sin fondo, una caída interminable, un incendio de letras, pero no me importa, ahora ya no vale regresar las paginas, he cegado mis ojos y arrancado mi lengua, he renunciado a todas mis facultades mentales exceptuando la de imaginar, única bendición para los de mi especie.
Sé que al llegar la mañana será alguien más quien ordené a mis manos lo que deban decir, por eso mismo no tengo reparos en arrancarme la piel a girones, en mirar mis huesos y sentir lástima de quienes también los observen. En un acto masoquista, me obligo esta noche a decir cuanto es preciso para saber que no soy yo, que tampoco es otra, que nunca es alguien, es solo el vacio posesionándose de los instantes, robándome las ganas, arrebatándome el sentido y dejándome a cambio miles y miles de palabras descarnadas.

Nunca quise mirar la verdad a la cara, yo nunca la busque, pero es imposible volver a poner a grilletes una vez que se ha develado la sombra.

domingo, 2 de octubre de 2011

Princesas

Crecí bajo el apreciativo princesa, mi padre siempre me llamó así, hasta la fecha cuando suena el teléfono y es él, la pregunta que inaugura la llamada es ¿Cómo está mi princesa? Eso me hacía suponer que él era un rey y mi madre una reina, que vivíamos en un castillo y algún día vendría un príncipe a rescatarme.  Ahora sigue siendo lindo escuchar eso en su voz, es maravilloso sentirme la heredera de ese reino de amor y locura que construyeron ellos para mí, pero sé los príncipes no existen, los castillos quedaron atrás y la vida es distinta.   

                Una noche de sábado, rememorando la infancia  viendo Caballeros del Zodiaco y tomando un tinto olvidado, una reflexión quizás absurda viene a mi cabeza y cómo es natural o raro, lo plasmo en este espacio de debrayes y voces que gritan desde el fondo de las yemas de mis dedos. Cuando yo fui infante, como niña que soy, ser princesa era “la unidad mínima asequible”, la delicada fémina que esperaba por el gentil caballero que estuviera dispuesto a dar su reino por ella; la verdad nunca me compré la historia, pero no parecía tan inverosímil, incluso conforme crecí, vi un par de historias bajo ese talante, hermosas chicas casándose con atractivos jóvenes bien ponderados en la sociedad, teniendo hijos lindos y viviendo en  ese ensueño prefabricado culturalmente para las “princesas”.

                Nunca sentí envidia de ellas, pero siempre me sentí distinta, mis relaciones complicadas nunca han tenido más futuro que lo inmediato, quizás cuando me he enamorado he logrado vislumbrar un futuro a 1 año quizás 2, futuro que implica viajes, pasiones y locuras, nunca hijos, ni perros, ni casas con un tejado y una barda. Pero no es eso lo que me ocupa en las reflexiones de esta noche. Pensaba en mis conversaciones con adolescentes o en esas conversaciones raras que uno sin querer queriendo escucha en los vagones del metro entre jóvenes de una generación después. En mis tiempos de adolescente, ser  “puta” ser “perra” era un peyorativo por excelencia, un calificativo mordaz, que se daban las mujeres mismas para clasificar a las chicas que habían decidido, optado o aceptado conocer los placeres carnales, versus claro está, a las que optaban por cumplir con ese precepto moral  de llevar una vida casta, pura, conservar la virginidad hasta qué un anillo luciera en sus mano y un vestido blanco las esperara para entregarse por amor al caballero digno de poseerlas. Ahora es curioso ir por las calles bajando el volumen al ipod por un momento y escuchar a las niñas que salen del bachillerato hablando de manera abierta y desinhibida de sus experiencias sexuales, o conversar unos minutos con adolescentes que se autodenominan orgullosamente “perras”.

                Es complicado clasificar, de hecho no habría porque hacer tal cosa, pero como humanoide femenino del planeta me atrae  inevitablemente la reflexión ante la evolución de los preceptos, las implicaciones del catálogo, ser “princesa”  o ser “perra”, la princesa espera, la perra va, la princesa es intocable, la otra todo puede tocarlo, la primera ama incondicionalmente, la segunda nunca se entrega ergo, nunca ama. Que complicado, pareciera que las dimensiones del amor para las mujeres siguen siendo ajenas, parece que saltamos de ser objeto para ser utilitarias; siento, presiento que hablando desde este territorio del género la felicidad sigue siendo inalcanzable, porque o lo entregas todo o sólo lo utilizas.

                Es quizás este el punto más arraigado de mi pleito con la diferencia, por qué habríamos de vetar una u otra parte, porque no reconocernos humanos todos, deseantes, amantes, dueños de un cuerpo que anhela sentirse dueño, esclavo, lascivo, poseído, propio, ajeno, pero también de un corazón, latiente, vulnerable, multifacético, viviente, amante.

                Reitero, es complicado, siempre me supe diferente, pero me gusta saberme princesa, nunca he esperado un príncipe que me rescate, pero me encantaría compartir mi reino con alguien a quien mire a los ojos y me reconozca y le reconozca, amante deseante loco, etc.

                Quizás la final de todo no sea un problema de género, sino de humanidad, de los que entendemos y vemos distinto, a los que los estereotipos no nos van, porque no somos ni perras ni princesas, ni machos ni maricas, sino humanos, buscando sentir placer, amor deseo, locura desbordándose por los poros y diciendo estás aquí te siento, no importa mañana, no importa nunca, importa hoy, y quizás está noche sea una o quizás sean el resto de mis noches, pero es por eso que tiene sentido estar aquí.

lunes, 19 de septiembre de 2011

de aquí para allá

De aquí para allá

Nunca resulta sencillo adivinar de qué lado del espejo se despierta, me horroriza pensar que por alguna razón siempre lo hago del lado equivocado. La abuela siempre decía que habría que poner unas hojitas de  malva bajo la almohada para no ir al mundo de las brujas mientras se sueña.  A mi soñar me parece vivir horas extras. Quizás por eso nunca estoy segura de si he despertado aquí, o en realidad estoy allá. A veces allá es evidentemente distinto, pues aquí no se puede volar como se hace allá pero hay días en los que aquí es tan extraño que pareciera completamente allá.  No estoy muy segura de preferir el sueño a la vigilia, me asusta ser una hormiga, creo que soy muy pequeña para pretender ser algo tan grande. Cuando despierto de este lado del espejo que no sé muy bien si es aquí o es allá, siento como el cuerpo se vuelve ligero, por el contrario cuando abro los ojos y estoy del otro lado, una pesadez extraña se apodera de mí y  me cuesta mucho moverme.  Las personas también son distintas en un lado y el otro. Las personas de aquí no me gustan, sospecho muy seriamente que sean fantasmas y no gente.  La abuela creía que yo era un alma vieja, quizás tenía razón, vivir a turnos dobles y confundida debió hacerme envejecer.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Fragmentos de locura

Desconocía por completo el momento justo en el que las paredes comenzaron a hablarle, una mañana se descubrió en medio del colorido cuarto, cubriendo afanosamente con una mano el orificio por donde estaba segura habían estado escapando las ideas. De pronto, una voz proveniente del muro del fondo comenzó a contarle una historia fantástica, al principio era complicado entenderle, pues su tono gutural hacia confundirle con un gruñido, con un eco guardado o con un murmuro muy grave. Desde su llegada a ese lugar, no había cruzado palabra con nadie, quizás por eso el hecho de escuchar una voz que no era la suya, la reconfortaba, prefirió no preguntarse por la procedencia y la lógica de un muro que habla, asumió que como todos aseveraban, estaba loca y en la locura era “normal” sentir que las ideas escapan y conversar con las cosas. Aunque bueno, no podría decirse que ella conversaba propiamente con las paredes, sólo las escuchaba.


No siempre era la misma la intensidad de las voces que emanaban de las paredes, a veces susurraban, otras gritaban frenéticamente, ella no sentía miedo, hacía mucho tiempo que no experimentaba tal cosa, en ese cuarto, en ese lugar todo era posible, estaba fascinada con su locura y el universo interminable que había venido con ella. Descubrió una constante en el sonido, si ella quitaba la mano de su cabeza, las voces eran más fuertes, más claras, si ella volvía a tapar el lugar por donde le escapaban las ideas, las voces se hacían tenues. Lo pensó un segundo y concluyó, las paredes habían estado robando sus ideas, por eso su cabeza era cada vez más ligera, por eso cada vez había más color en los muros, volvió a agradecer su locura, esa bendita locura, que entre muros, historias, colores e ideas se creaba y recreaba en sus manos.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Locura



Estados espirovolitivos voluntarios
 
Cada vez me asusta menos la locura, el desdoblamiento de mis voces, las miles de noches escondidas en mis manos, la extravagancia de las luces, los días, el tiempo, los ecos,  las miradas y el sin fin de realidades inciertas que muy de cerca coquetean con mi razón. 

martes, 30 de agosto de 2011

Sola

Anoche hablaba con ella, evasiva como siempre, enredaba sus dedos en mi cabello para no contestarme. Me exaspera la contundencia que tiene para encajar sus uñas en mi espalda y hacerme amarla cuando tanto la detesto. Se fumó mis cigarrillos, se bebió mi cerveza y manchó mi teclado con palabras llanas, con quejas pueriles, de pasados mejores, de un presente ambiguo, de tiempos no venideros. La observé, le reñí, pero como siempre, es ella más fuerte que yo, basta su fría mano posándose un segundo sobre mi hombro, para corroborar: le pertenezco.


Entonces ella y yo escribimos cartas. Sí, cartas: largas, alegres, formales, cortas, confidenciales, tristes, hermosas, emotivas, absurdas, frías, honestas, crueles, falsas, etc. Cartas. Algunas las firmé yo, la mayoría lo hizo ella, en realidad no importa, no tienen destinatario alguno. Cuando llegó la mañana y la rutina la hizo brincar para huir por la ventana, me susurró al oído a manera de despedida: Buen día, triste hermana, sola, sola, sola..

martes, 16 de agosto de 2011

Una mañana cualquiera

Desperté con las palabras del sueño en las manos, aún podía sentirlas, no terminaron de desmaterializarse sino hasta minutos después de haber abierto los ojos.  Siempre sucede así, la mañana termina de a poco pero sin piedad, con los desquicios de libertad que durante la noche disfruto.  Incorporarse a la rutina cada vez  resulta más complicado, por lo general comienzo con  la taza de café, que más o menos des aletarga mis sentidos y me permite comenzar a reconocerme, observar mis  manos que no me son del todo familiares, me hace pensar que este cuerpo no me pertenece, siento que usurpara un lugar en el mundo, en este mundo al menos.

jueves, 11 de agosto de 2011

Estrenado 28 o Más sabe el diablo, etc.

Mi amigo Román, tiene una forma fenomenal de hacerme sentir bien cada que comienzo a mal viajarme por estar en la antesala del tercer piso, habla sobre la intensidad y la locura, de las noches y los excesos, de los placeres y el sexo, de la intelectualidad y el arte, del conocimiento y el trabajo, al conjunto de todas esas características las llama: ser un adulto contemporáneo. Muchas de esas cosas son clichés raros, que en algún momento encajaron conmigo, pero que ahora no son más que intensos recuerdos otras las sigo disfrutando, como cuando recién se descubren. Contemporáneamente o a la antigua he llegado a la precisa edad de 28 años, logré llegar a esta cifra sin deprimirme de manera previa, por el contrario, esperaba ansiosa, los regalos, la fiesta, los abrazos, las reflexiones y todas esas cosas que vienen con los cumpleaños


Pasaron cosas muy interesantes la semana previa al cumpleaños, por ejemplo el lunes una caja misteriosa con los primeros 6 tomos de En busca del tiempo perdido, con una botella de tinto y un anónimo que decía: Mi último suspiro, si quieres el séptimo encuéntrame, Feliz cumpleaños. La verdad es que de inicio, no quería ni abrir los libros, que tal si tenían ántrax o algo parecido. Después pensé que tenía un acosador y claro cómo producto de horas y horas, viendo mentes criminales, asumí que el ignoto tendría que ser un hombre caucásico, a falta de Spencer (o por dios chiquito papá), comencé la investigación, hice una lista de sospechosos, en realidad era una lista muy pequeña, no hay tanta gente en este planeta que tuviera tan lindo detalle conmigo, fui tachándolos de uno por uno, a “X” porque Proust le puede sonar a marca de condones, a “Y” porque es proporcionalmente culto a su tacañería, a “Z” porque me entreviste con él y pude ver en sus ojos que no mentía cuando decía que él se declaraba inocente.

Cierto extraterrestre que rondaba mi tierra, me dio unas lecciones de vida intergaláctica maravillosas, útiles pero al mismo tiempo muy reveladoras, parecía en este momento que el mundo se venía abajo, después de observar el infinito, el mundo se vuelve tan pequeño, pero comprendí casi al instante que por eso mismo, más y más valioso.

Otro día de esa semana un corazón roto en casa, me obligó a descorchar el vino enviado por el ignoto, además de una botella más abandonada por mi ahora abstemio vecino, y entre charlas de faldas y de pantalones, mi buen amigo Romy me permitió abrir el regalo que desde el lunes aguardaba en mi habitación, con un letrero especificando que no podía ser abierto hasta exactamente el día 30, pero ese día para aligerar el sufrimiento del corazón roto, de él por supuesto, pude quitar ese rojo papel de Puca, que cubría la caja para descubrir “o por dios, es grandioso” tenía, bueno ahora tengo en mis manos la serie completa de los Thundercats… uoooo!! La mera onda, ya tenía hasta ese momento dos regalos muy rifados, el primero de un ente desconocido y el segundo de mi Cuatisimo, hermano Romy.

Durante toda la semana estuve planeando mi gran fiesta “sorpresa” de cumpleaños, mandé la invitación por la red social de moda, el objetivo reventar la casa, el contra tiempo mi vecino que decidió era la mejor idea traer a su esposa y a sus tres hijas a pasar unos días en la casa, y lo digo así literalmente en la casa, no en la ciudad, no, no de vacaciones, no, en la casa. El panorama ante eso no fue bueno, parecía que las cosas comenzaban a no salir bien. La fiesta tuvo que ser pospuesta, con resultados desastrosos, los invitados no llegaron, la festejada se enfermo y todo termino en cuatro cajas de pañuelos desechables y una cantidad impresionante de mocos.

Como sea, el día de mi cumpleaños, tuve un pastel familiar, papá y mamá vinieron a verme (bueno en realidad vinieron a ver a León, pero aprovecharon para darme mi abracito), sople velitas, le mordí al pastel y esas cosas bellas que no se pierden como costumbre en mi familia.

Puff, ya para cerrar este post, los 28 empezaron como ha sido toda mi vida, un excitante espiral de acontecimientos, hasta el momento no se quien es el ignoto, pero ya no quiero saberlo, no he terminado de ver los Thundercats pero en eso estoy, mi familia sigue siendo uno de los pilares más sólidos y maravillosos que tengo, todavía no se me terminan los mocos, pero al menos sé que de esta gripe no estaba destinada a morir. Por último, como último acto de depuración, arme una carpeta con todas las fotografías de pasados dolientes, las comprimí, las mandé muy lejos de mi alcance y elevé mi ancla definitivamente, lloré, si lloré mucho, no es fácil cerrar una ventana que sin querer mantienes abierta, pero ya, es momento de navegar otros horizontes y encontrarse en otras miradas.

Creo que ahora si me excedí con la dimensión y lo personal del post, pero como siempre digo en estos casos, "ES MI BLOG Y ESCRIBO LO QUE QUIERA".

domingo, 7 de agosto de 2011

Los domingos



Aunque me resista a aceptarlo, soy un animal de costumbres y rutinas; los domingos acostumbro dejar que las palabras se amotinen en el cuerpo y al final broten como se les dé la gana, está no es una experiencia del todo placentera, más por el contrario, tendría que decir que es dolorosa, las palabras tienen garras y dientes afilados que lastiman en su paso apresurado y violento que busca desbordarse. Los demás días es más fácil enredarlas entre los dedos, entretenerlas entre lecturas y discursos, quizás hasta acariciarlas un poco, jugar con ellas como si fueran felinos domesticados que cuando les es preciso se acercan a ronronearle a su amo, en fin, utilizar las necesarias y fingir que no existe el resto.

Es domingo, es normal, las palabras se suicidan.

viernes, 22 de julio de 2011

Redes divagantemente sociales

El cursor me reta, se burla, parpadea y me incita a perseguirlo unas cuantas líneas al menos, me resisto, a veces trato, pero nada, el tintero está seco, las ideas se difuminan tal cómo van llegando y el ánimo está revuelto y ligeramente confundido.

Hace unos días seguía en twitter una discusión sobre el impacto de las redes sociales en la creatividad literaria, las reflexiones iban desde la brevedad hasta el plagio y la enorme cantidad de basura seudo literaria que se mueve en estos contextos. No llegué a las conclusiones, porque aunque de repente me cause adicción esto de la ciber vida, todavía tengo una real, lejos del ipod y la computadora, pero me quedé pensando largo rato sobre este asunto.

Recuerdo que yo comencé con los blogs, hace aproximadamente siete u ocho años, cuando estaban en boga los espacios de msn, mi blog se llamaba “la catedral de los silencios escogidos” y estaba repleto de muchos intentos de cuentos, poemas y un sinfín de debrayes sin sentido. Aquello pervirtió de una forma muy curiosa, al poco tiempo se crearon pequeñas comunidades de blogeros afines, que se leían y comentaban asiduamente, después iniciaron las reuniones y se perdió el anonimato, aunado a esto los romances y desencantos. Al final creo que algunos conservamos dos o tres personas conocidas de ese tiempo, con quien más allá de los mundos imaginarios que se fabricaban, resultaron valiosas relaciones, pero nada más. Los espacios de msn desaparecieron o perdieron popularidad, algunos emigraron a Blogspot, otros simplemente regresamos al anonimato.

Después de eso, pues ya sabemos el boom de facebook, dónde si bien hay espacios creativos, la mayor parte del tiempo es chisme, chisme, chisme y más chisme. Sí, sí tengo un facebook, justo en él leía un comentario, que decía algo así cómo “que retro, tienes un blog, eso es como muy del 2000” la verdad es que por un momento me quede pensando, que ya soy retro en el ciberespacio, después argumenté a mi favor que también tenía un twetter, que es como la onda en estos días, y entonces llego la estocada final, pero el veinte perfecto para explicar todo el asunto creativo o no creativo del ciber espacio, esta persona que me dijo casi casi, obsoleta y pasada de moda, me preguntó “¿Cada qué twitteas? ¿Cada que actualizas tu blog?” Mi respuesta es que la verdad no hago tan a menudo ni una cosa ni la otra. Y entonces ahí la reflexión interesante, antes tenía una idea y trataba de desarrollarla para postearla, ahora la concreto y la pongo en un twett, haciéndola perder quizás el potencial que originalmente pudiera tener. Por otro lado, hay cosas que deben ser así, microficciones, sin más choro ni ornamentos.

Al final creo que la creatividad no depende precisamente de la extensión, digamos que twittear es como tener la cabeza llena de pájaros, y dejarlos ir de uno a la vez, algunos regresan más grandes, más hermosos, entonces se pueden volver un muy buen post, otros simplemente se van, desaparecen y no vuelven más.

domingo, 12 de junio de 2011

Llévenla al baile!!

Nunca me ha gustado pensar en la predestinación genética como algo determinante en la existencia, es decir, siempre he preferido pensar que es cada quien a partir de su formación y su libertad quien pone las limitantes, para hacer tal o cual cosa. La experiencia aunque no me gusté aceptarlo, me ha mostrado que estoy equivocada y me ha hecho reconsiderar: sí hay una parte que aprendemos para ir forjando un camino, pero también hay una parte que se trae, o q no se trae y no hay forma alguna de adquirirlo.

Esta reflexión viene a que, yo no bailo ni en defensa propia, no se me da, simplemente no es algo que tenga yo en el cuerpo, eso de coordinar mano pie y además mover las caderas y los hombros con ritmo ¡ooooh por dios! Es lo más complicado que alguien puede pedirme que haga. Nunca había tenido problema con aceptarlo, siempre que alguien me preguntaba, yo respondía fría y secamente, que el baile me parecía algo primitivo, ya saben disfrazar de mamonés la carencia. Nunca tuve mayores líos, me rodeaba de gente no bailante, entonces todos felices.

El asunto, el problema o por lo menos la cuestión comenzó a cambiar, cuando precisamente empecé a coincidir con gente bailarina, cuando mis fiestas cambiaron de sólo charla y viajes mentales a interacción social, con personas que gustan de frecuentar esos sitios donde todo mundo le saca brillo a la pista. Al inicio, igual me sentaba e inventaba alguna escusa, decía muy honestamente, no sé bailar, entonces venía la parte donde alguien me insistía y me insistía bajo el argumento que lo importante era divertirse. Nada más lejos para mi concepto de diversión, era lo más estresante del mundo, me sudaban las manos, no podía dejar de ver mis pies, y cuando por fin agarraba el paso, la canción llegaba a su fin, entonces inventaba algún pretexto y salía del lugar lamentándome tristemente por mi incapacidad física para el baile.

Apelando a lo que comentaba al inicio de este post, con la firme convicción de que el hacer o no hacer algo, no depende de ese tipo de limitaciones, sino de esmero, libertad y formación, decidí cambiar mi vida, ahora iría a todas las fiestas donde hubiera que bailar, diría siempre sí a una invitación para hacerlo, me concentraría firmemente en lograr si no ser el ama de la pista, por lo menos en no parecer robocop con epilepsia. Poco a poco, fui encontrando lo divertido del asunto, además si le ponía el ingrediente secreto (chelas) uuuh!! Sabor… o al menos eso pensaba, hasta que, no sé si alguien que me quiere mucho o no me quiere nada, me grabó en uno de esos rituales de arritmia, es lo más divertido, yo tengo una cara de wow, como lo gozo, pero mi cuerpo no expresa precisamente lo mismo, creo que superé la etapa robocop y pasé a la etapa play móvil.

Una resignación extraña  llegó a mi vida, yo-el baile, no somos uno mismo, que digo uno mismo somos como universos paralelos.  Definitivamente hay cosas que no se te dan y punto.

miércoles, 8 de junio de 2011

Debrayar

Estos días he andado muy productiva en el blog, entiéndase me he desentendido completamente de mis labores habituales y me he concentrado en plasmar cuanta babosada pasa por mi cabeza.  No está mal, de vez en cuando hasta creo que es sano,  unos días de debraye por escrito, liberan a la cabeza de estupideces mayores y aligeran el riesgo de ataques sicóticos o peleas sangrientas con amigos imaginarios.  Además he notado que mis post están menos revienta vena, lo drama Queen  no se me va a quitar nunca, pero creo que en este momento me encuentro en un punto más sínico de la vida, reírme me viene bien, al menos por ahora. Al final pareciera que el mundo es un gran pañuelo desechable.

domingo, 5 de junio de 2011

Los misterios de la vida

Vivimos en un mundo enigmático, hay tantas y tantas cosas que no sabemos y que ni siquiera ilusamente podemos ambicionar saber algún día. La ciencia es una quimera, que hace como que se acerca a la debelación de tales misterios, pero en realidad nunca está lo suficientemente cerca. La filosofía coquetea de manera descarada con todos los “saberes”, pero tampoco logra nunca terminar de poseerlos. En fin, a veces uno se agobia con las preguntas más relevantes y complejas del universo: “¿Quién soy? ¿Existe Dios? ¿Cuál es la causa primera? Etc.” Noches y noches de pensar y repensar sobre el sentido de la existencia, noches y noches quemándose las pestañas intentando entender a los grandes pensadores de todos los tiempos, es más, hasta algunos más locos que otros consagran su vida entera a esta infinita labor, muy noble por cierto, pero también muy mal remunerada. Pero bien, mi intención no es quejarme de lo escaso de mi sueldo por haber elegido la filosofía como profesión, tampoco ponerme a dilucidar sobre si es la ciencia o la filosofía quien nos da la respuesta más acertada, no, no, para nada, es más ni siquiera es poner de manifiesto mis puntos de vista respecto a las posibles respuestas a tan grandes misterios, no y no, mi intención es plantear algo más simple pero doblemente agobiante, además quiero pensar que es una preocupación global, estoy segura que a todos alguna vez nos ha pasado. Es tan desconcertante. Bien sin más preámbulo planteare en este mi blog de desahogo y reflexiones, las preguntas que desde la tierna infancia han atormentado mis días:


¿A dónde van los calcetines extraviados? ¿Por qué siempre desaparecen de uno en uno? ¿Existe un cielo para calcetines donde todos tienen una vida mejor?

Mi hermano, que se desespera con tanta pregunta y es un hombre más práctico, me dio una solución para menguar mi angustia: Has nuevos pares con los calcetines nones que conservas, perros con perros, puntos con puntos, spider man con spider man, etc.  Es cierto, no elimina mi angustia, pero me ahorra unos pesos para no tener que comprar pares nuevos.
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Lo importante

13:19
Are: ¿Cómo me veo?
Lila: Pareces un elefante
Are: Oh! Los elefantes son hermosos, gracias.

Que si somos gordas, que si somos flacas; que si vestimos bien o si no hay moda que nos quede; que si la belleza y la norma es ser delgada; que si las flacas son bonitas y entonces son tontas, que si la salud, la imagen y las relaciones; que si somos invisibles o somos “reales”  y que si un montón de cosas que hacen notar la eterna pugna entre lo que somos y lo que se espera que seamos, porque parece que no pudiéramos alejarnos ni siquiera un poco de los mecanismos de control y ahí vamos, dando tumbos, adoptando eufemismos: ahora las gordas somos curvy  y para hacernos visibles modelamos calzones;  sintiendo culpa por el postre que no debíamos comer;  odiando nuestros cuerpos porque tienen royitos o estrías o porque no termina de ser lo suficientemente delgados o torneados o firmes;   y nada, que de todas formas no terminamos de vernos nunca como tendríamos que vernos. 
Ayer fue día internacional en contra de la violencia a las mujeres,  luego entonces mis amigas activistas comenzaron a postear estadísticas y fotos con cifras alarmantes  sobre violencia física, sexual, psicológica y emocional, de toda esa información que circuló ayer en las redes una particularmente me dejo inquieta, el 85% de niñas cree que es gorda y el  57% de niñas cree que es fea.  ¿Cómo putas?   Es decir, en qué momento y de qué forma comienzan a arraigar los parámetros de “belleza” en nuestras cabezas.   Las respuestas facilonas a mi pregunta fueron las obvias: el sistema y los medios.  Si algo no funciona habrá que culpar al sistema, ese ente imaginario, ambiguo que siempre nos parece ajeno. Alguien tendría que decirnos, señor, señora, joven señorita, usted  también es el sistema, pero esa es otra historia.  Y si no basta con culpar al sistema, entonces culpemos a los medios, esos monstruos enajenantes que nos dictan que pensar, cómo actuar, qué vestir, que creer y que  despreciar sin que, pareciera, pudiéramos oponer voluntad alguna.  Pero no me gustan las respuestas facilonas, y cada vez menos disfruto el papel de víctima del sistema, lo que no implica que exima estos dos factores, claro que son determinantes pero supongo hay algo más, siempre hay algo más.  Entonces seguí dando vueltas al asunto, azuzando los sentidos por si algo en el mundo me daba elementos para comprender y así fue, en el transporté público de regreso a casa escuché la conversación de dos jóvenes madres, ambas de complexión regular y ambas meticulosamente arregladas para ser un miércoles  por la noche.   Una de ellas le decía a la otra, es que ya le dije a Sam que si sigue comiendo como come se va a poner gorda y  fea,  a lo que la otra responde, pero Sam no está gorda,  y la primera agrega tiene 8 años y ya tengo que comprarle talla 14, interviene nuevamente la segunda pero es que es alta, finalmente concluye la mamá de Sam, peor tantito gorda y alta va a parecer vaca, ambas ríen.  Levanté la mirada un poco y me di cuenta entonces, que Sam está presente, se encoge de hombros como esperando que nadie más en el camión haya escuchado a su madre o que por lo menos no la noten en ese camino a parecer una vaca gorda y alta.
Hay una fábula de Augusto Monterroso que se llama: La rana que quería ser una rana auténtica, en ella como su nombre lo indica,  narra como una ranita se empeñó toda su vida en lograr ser una rana auténtica, primero observándose compulsivamente en un espejo, después haciendo caso a  lo que decían los demás  y finalmente ejercitando tanto sus ancas hasta que le fueron arrancadas con la triste noticia que quien se las comió aseveró que sabían a pollo.  Disfruto mucho de trabajar este texto con mis tutorados, porque invariablemente aparece el conflicto en torno a la autenticidad, la pregunta concretamente ¿Logra la Rana ser una rana auténtica o no?  Los argumentos se polarizan y son dos, por un lado  los que dicen que no la rana no es auténtica porque pasa su vida atendiendo a lo que los demás le dicen tendría que hacer, por otro lado, los que dicen que sí, lo consigue en tanto que su convicción última es ser auténtica y  está dispuesta a todo para lograrlo.  Y entonces el cuestionamiento reaparece, ¿es auténtico ese deseo de belleza estandarizada?   Acompañada por supuesto del cuestionamiento en contra parte ¿Somos más auténticos por alejarnos de ese canon?

La verdad es que no tengo respuestas, pero sé que me molesta hablar de mujeres reales e invisibles, todas las mujeres somos reales y somos diversas y que bueno que así sea,  que aburrido sería vivir en un mundo plano donde todo fuera curvas o todo fuera rectas. El problema no es ese,  el problema es la energía y el tiempo que gastamos hablando y trabajando para las apariencias,  ahora mismo llevo dos cuartillas (gracias si usted ha llegado hasta este punto en su lectura) dilucidando en torno a la valía o invalidez de la belleza  y este tamborilear de dedos sobre las teclas surgió por una notita que  abre con la interrogante ¿Las mujeres gordas pueden ser bellas?   Y es una alegoría a la belleza de las mujeres de tallas grandes  y está bien,  pero después las mujeres de tallas pequeñas repelan y  nadie habla de lo importante y lo importante no tiene que ver con ser delgada o gorda. Ahí seguimos dando tumbos, defendiendo  lo indefendible  porque ni siquiera tendría que estar en cuestión.   Me encantan las mujeres que se visibilizan por su incursión en el arte o la ciencia o por ser las mamás más maravillosas del universo o  las mejores maestras, médicos, escritoras esas que entran a  la sala  y comienzan a hablar y no importa si pesan 50 o 100 kilos hipnotizan con su discurso, invitan a debatirles a conversar  y qué más da si vienen envueltas en un saco de  papas o al último grito de la moda, los ahí presentes no pueden parar de observarlas porque es más que evidente que sabe de lo que habla. Admiró de sobre manera a esas mujeres que tienen un corazón enorme que se les desborda el amor del pecho  y no importa de dónde ni como llegues tienen el abrazo perfecto  y  que son mamás y abuelas y tías y ellas también vienen en todos tamaños y eso nunca, nunca ha sido un problema.   Y eso,  eso es lo importante, lo que nos hace bellas o terriblemente horrendas. 
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Bla bla bla

22:31
Voy a comenzar a escribir reconociendo que esta vez no tengo la menor idea de cómo comenzar. Había pensado en una entrada larga sobre las vacaciones, era mi intención hablar de Ella, explicar mi superpoder de configurar y desconfigurarme la vida en un solo pase mágico, también quería hablar de él, el hombre de los ojos profundos y los sueños cortos. Pero nada, que la verdad no sé por dónde comenzar. Esta hoja en blanco es como diván de analista al inicio de consulta. El cursor parpadea frente a mí y casi puedo imaginarlo  cruzando su piernita mientras lleva la mano a su mentón y con cara afable pero inquisidora me dice “¿…y bien Gabriela?”  Y bien qué, como odio a ese cursor y como odio al analista. Pero en ambos casos sé que es menester continuar, en el caso del loquero porque igual habré de pagarle, con el cursor porque las ideas me siguen rondando y no pararan hasta verse todas o casi todas, bueno algunas, plasmadas en la pantalla. Al final en ambos casos, es necesario seguir adelante porque de otra forma terminare muriendo asfixia emocional, de congestión de ideas o algo peor. Anoche soñé con peces, es un sueño recurrente. Hoy no he podido concentrarme en terminar el reporte.  Mañana y alba  son palabras que me gustan. Vaya que se siente alivio volver a debrayar a este espacio que es mío y nada más.
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Ella...

21:25
Ella, ese sur perpetuo, ese norte extremo, ese sabor a tierra mojada por el llanto de tres noches de  28  vidas cada una. Ella la de las ideas dispersas y las tristezas largas, la de la noche en la mirada y el verano en los dedos. Ella, ese navío olvidado en mitad del pantano. Ella la de los pies descalzos y las sonrisas en clave. La que abraza, la que hiere, la que ama, la que vive, la que olvida, la que muere, la que siente, la que piensa. Ella, la que no es ella, sino otra, siempre otra, nunca la adecuada, nunca la prudente, nunca la precisa. Ella la que escribe y la que calla. Ella, ese espejo en mitad de la nada, esa puerta sin destino, esa ventana sellada. Ella, ella que no soy yo, pero que sin saberlo yo soy un poco ella. 
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Colores

18:16
Me concedo muchas libertades, soy imprudente, tomo lo que encuentro en el camino, lo hago mío y  puedo llegar a ser asfixiante.  He querido no ser así, pero entonces pierdo colores, es como si se tratara de una pintura a la que has dedicado una vida entera y al final te das cuenta que los colores saturan la escena y aunque es un lindo cuadro, esta saturado de color, entonces comienzas por borrar un poco de amarillo, y la pintura comienza a perder luminosidad, los azules se hacen más evidentes y sientes frío, entonces eliges quitar un poco de esos azules, dejando al descubierto, un rojo que se torna violento, y así continuas quitando uno a uno, y de pronto sólo la ausencia de color, una gran nada en el  lienzo, perdió cualquier rasgo.  No sé ser mesurada, no entiendo el mundo desde la perspectiva prudente y decorosa, pareciera que todo lo que llega a mis manos es una bomba a segundos de explotar. 

No hago un juicio, por lo menos no en este momento, deseo, deseo tantas cosas que me doy miedo.
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Auto retrato

18:39


Soy yo  rumoraba  la noche

Soy yo  jugueteaban mis manos

Soy yo  descalza y con la cara  sucia

Soy yo  la que espera, la que vive, la que sueña

Soy yo gritaron todas

Soy yo esa  piel de fruta

Soy yo esos días sin nombre

Soy yo relámpago y calma

Soy yo   angustia y delirio

Soy yo la que piensa

Soy yo la que habla

Soy yo la que escucha


Soy yo la que no es

Soy yo  carcajada sonora

Soy yo llanto desesperado

Soy yo golpe y silencio

Soy yo todas ellas

Soy yo la bifurcación de las noches

Soy yo cuerpo de larvas

Soy yo mujer de arena

Soy yo nostalgia en las manos

Soy yo humo olvidado

Soy yo ausencia presente

Soy yo con los pies al viento

Soy yo la que habita en la sombra

Soy yo  palabra, memoria y olvido

Soy yo ventana, espejo y silencio

Soy yo corazón y espinas

Soy yo monstruo de mil cabezas

Soy yo casa embrujada

Soy yo insomnio y tristeza

Soy yo colores y excesos

Soy yo  mujer de tres ojos

Soy yo animal de mil sexos

Soy yo miedo y promesa

Soy yo murmuraba la noche

Soy yo contestaba la luna.
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Para comenzar

23:31
“Todo cambiará en mi nueva vida pero ahora no”

Tenía muchas ideas para comenzar este post, había hecho una lista mental de la forma en que debían ir organizadas, hice otra lista de las palabras que debería usar: Laberinto, tú, sueño, él, yo, noche, zapato, corazón, etcétera.  Pero nada, las palabras se amotinan, se volvieron inconexas, absurdas, en fin, aquí mi primer post del año:

No todos, no siempre.
Esta es la que sueña
Las mañanas del mundo se conjuntaban de vez en cuando en el centro de su cuerpo, colapsando en mil brillos y obligándola inevitablemente a retorcerse un poco antes de salir de la cama. Hoy era un día de esos, pero pese al estallido de luces, ella se resistió a levantarse, permaneció observando cómo desde su ombligo se proyectaban rayos violetas hasta el techo. Cerró los ojos y comenzó sin intención de dormir, pero sí de prolongar el sueño, a reconstruir el escenario.  Él estaba ahí, en ese mundo onírico del que se había apropiado sin pedir permiso, sentado sobre un rascacielos jugaba los pies al viento.  Ella decidió no subir. La ventaja de soñar sin dormir, es el poder de decisión,  aunque no es absoluto tiene un rango de posibilidad más amplio que cuando se duerme. Metió las manos en sus bolsillos y comenzó a caminar, seguro que se trataba de una mañana muy fría, pues sentía como se entumían sus dedos, bajó la cabeza un poco para no sentir que el aire le reventaba las mejillas pero sobre todo para no verle a él, ahí en la punta del edificio. 
Las calles eran angostas y en las grandes paredes de los edificios se leían las palabras que estaba segura corrían por sus venas, primero intento leerlas todas, supuso era una revelación, si conseguía anotarlas todas, grabarlas en su memoria, tendría los elementos claves para descifrar la construcción de su realidad última; después se dio por vencida, eran demasiadas y muy confusas, así, optó por elegir únicamente 3 y olvidar el resto.
Los trapecistas siempre le habían causado fascinación, pero por algún trauma de la infancia siempre había tenido miedo a las alturas, pero cuando se sueña no importa si dormido o despierto, se puede trascender a esas cosas, así que olvidándose de la presencia de él por un momento, subió  a la parte más alta de un rascacielos y se aferró al trapecio, una nube espesa, palabras más palabras, tomó impulso y justo antes de saltar del otro lado estaba él…
Sí, este post no tiene sentido.

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Memoria, desmemoria y Karma

12:34
   Hace unos días decidí  saldar algunas deudas con el destino, así como en la película de Alguien tiene que ceder (sí, sí  yo sé que  no es la mejor película del universo, pero Jack Nicolson me encanta. Sí, también  yo sé que podría ser mi abuelo, pero es muy buen actor, además era tan  sexy) decidí  ponerme en contacto, con las personas con las que en algún momento no he sido amable; por alguna razón se me metió en la cabeza  que  esta racha de mala suerte y mal de amores, en realidad  se debe al Karma; así que me puse en acción y conseguí los correos, teléfonos y direcciones de las personas a  las que en algún momento les rompí el corazón, tampoco es que sean tantas, pero digamos que si son algunas más de las que me gustaría reconocer.

 Supongo que a todas ellas les resultó extraño tener noticias mías después de tanto tiempo. Mientras redactaba cada una de las notas de disculpa, me preguntaba si realmente tenía sentido muy seguramente ya ni se acordarían de tal caso. No es que pensara mandarle nota hasta al niño de cuarto de primaria que se quería casar conmigo cuando creciéramos y yo le dije que no porque era tartamudo y yo no quería que mis hijos fueran tartamudos. Después de todo con  él en la adolescencia fuimos muy buenos amigos  y ahora, tiene una linda esposa y dos retoños, debe agradecer no haberse casado conmigo. 

 Seguí adelante con mi cometido envié correos un par de mensajes por celular y me senté a esperar respuesta, pocos contestaron y los que lo hicieron fue con un comprometido “gracias”, o” ya está olvidado”, supongo pues que así operamos los humanos, olvidamos, hacemos que deje de doler bajo la premisa de si no lo recuerdo no existe. En alguna medida esto debe ser sano, pues siempre es necesario seguir adelante, pero en otros aspectos me parece triste, es como si la gente pasara por nuestras vidas para dejar espacios en blanco.

Dándole vueltas a este asunto, pensaba en mi capacidad de olvido, que es nula o mínima, sí claro que olvido dónde he dejado las llaves o cómo se llama el director de la película justo al salir de la sala, olvido cómo llegar a algún sitio si no es después de unas diez veces de visitarlo, pero nunca olvido  los rostros, los gestos, las palabras, las manías, los tonos de voz, el olor, la forma de las manos, el timbre de la risa de quienes han pasado por mi vida, es como llevarlos tatuados, y pudieron romperme el corazón o no, pude haber sufrido o gozado, fueron importantes y aquí van, viajan conmigo.

Sí, sé que no es fácil de entender, hay quien me ha dicho que es como vivir en una casa embrujada, pero yo no lo creo así, es más sencillo que eso, es simplemente saber que las personas no son desechable y que si en algún momento damos la llave para que alguien entre es porque algo valioso encontramos en ese alguien y si las cosas no funcionan, no van por donde esperábamos, no quiere decir que el otro pierda valía.  Es cómo tener un  condominio en la memoria, donde los momentos y las personas se quedan para siempre, porque son importantes.   Nunca he mentido cuando digo “Yo te voy a llevar conmigo siempre” .
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palabras

3:32
En el último momento, mientras todo (literalmente) arde me decido a desnudar las palabras, mostrarlas descarnadas, no las quiero llevar conmigo, al final nunca supe usar las correctas, siempre fueron otras, debidamente cuidadas pero otras.   Toda la vida creí en las propiedades mágicas de ellas, quizás por eso las usaba con tanto tiento, siempre fui una aprendiz del lenguaje y en mi afán de perfeccionar tal arte, nunca pude decir la verdad. No, eso no quiere decir que todo haya sido una mentira en sentido estricto, se trato más bien de una develación constante, de un habitar en el límite y asimilar la caída.  Sé muy bien ahora, cualquier cosa que diga será utilizada en mi contra, pero  no me importa, de cualquier forma no hay manera de desentintar las hojas, para contar otras historias, explorar otros mundos o mirar otros ojos.  

Descubrí quizás antes de lo debido la luz en las palabras y desde entonces me enamore de la noche, me volví amante precoz de cada desquicio de oscuridad donde ellas pudieran brillar, deje de ser yo acercándome cada vez más a las miles que me habitan, renuncie al uno para enlazarme infinitamente con lo múltiple, suspendí el andar por el camino recto y me abrace a la posibilidad. Es quizás esta la condena, un pozo sin fondo, una caída interminable, un incendio de letras, pero no me importa, ahora ya no vale regresar las paginas, he cegado mis ojos y arrancado mi lengua, he renunciado a todas mis facultades mentales exceptuando la de imaginar, única bendición para los de mi especie.
Sé que al llegar la mañana será alguien más quien ordené a mis manos lo que deban decir, por eso mismo no tengo reparos en arrancarme la piel a girones, en mirar mis huesos y sentir lástima de quienes también los observen. En un acto masoquista, me obligo esta noche a decir cuanto es preciso para saber que no soy yo, que tampoco es otra, que nunca es alguien, es solo el vacio posesionándose de los instantes, robándome las ganas, arrebatándome el sentido y dejándome a cambio miles y miles de palabras descarnadas.

Nunca quise mirar la verdad a la cara, yo nunca la busque, pero es imposible volver a poner a grilletes una vez que se ha develado la sombra.
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Princesas

2:06
Crecí bajo el apreciativo princesa, mi padre siempre me llamó así, hasta la fecha cuando suena el teléfono y es él, la pregunta que inaugura la llamada es ¿Cómo está mi princesa? Eso me hacía suponer que él era un rey y mi madre una reina, que vivíamos en un castillo y algún día vendría un príncipe a rescatarme.  Ahora sigue siendo lindo escuchar eso en su voz, es maravilloso sentirme la heredera de ese reino de amor y locura que construyeron ellos para mí, pero sé los príncipes no existen, los castillos quedaron atrás y la vida es distinta.   

                Una noche de sábado, rememorando la infancia  viendo Caballeros del Zodiaco y tomando un tinto olvidado, una reflexión quizás absurda viene a mi cabeza y cómo es natural o raro, lo plasmo en este espacio de debrayes y voces que gritan desde el fondo de las yemas de mis dedos. Cuando yo fui infante, como niña que soy, ser princesa era “la unidad mínima asequible”, la delicada fémina que esperaba por el gentil caballero que estuviera dispuesto a dar su reino por ella; la verdad nunca me compré la historia, pero no parecía tan inverosímil, incluso conforme crecí, vi un par de historias bajo ese talante, hermosas chicas casándose con atractivos jóvenes bien ponderados en la sociedad, teniendo hijos lindos y viviendo en  ese ensueño prefabricado culturalmente para las “princesas”.

                Nunca sentí envidia de ellas, pero siempre me sentí distinta, mis relaciones complicadas nunca han tenido más futuro que lo inmediato, quizás cuando me he enamorado he logrado vislumbrar un futuro a 1 año quizás 2, futuro que implica viajes, pasiones y locuras, nunca hijos, ni perros, ni casas con un tejado y una barda. Pero no es eso lo que me ocupa en las reflexiones de esta noche. Pensaba en mis conversaciones con adolescentes o en esas conversaciones raras que uno sin querer queriendo escucha en los vagones del metro entre jóvenes de una generación después. En mis tiempos de adolescente, ser  “puta” ser “perra” era un peyorativo por excelencia, un calificativo mordaz, que se daban las mujeres mismas para clasificar a las chicas que habían decidido, optado o aceptado conocer los placeres carnales, versus claro está, a las que optaban por cumplir con ese precepto moral  de llevar una vida casta, pura, conservar la virginidad hasta qué un anillo luciera en sus mano y un vestido blanco las esperara para entregarse por amor al caballero digno de poseerlas. Ahora es curioso ir por las calles bajando el volumen al ipod por un momento y escuchar a las niñas que salen del bachillerato hablando de manera abierta y desinhibida de sus experiencias sexuales, o conversar unos minutos con adolescentes que se autodenominan orgullosamente “perras”.

                Es complicado clasificar, de hecho no habría porque hacer tal cosa, pero como humanoide femenino del planeta me atrae  inevitablemente la reflexión ante la evolución de los preceptos, las implicaciones del catálogo, ser “princesa”  o ser “perra”, la princesa espera, la perra va, la princesa es intocable, la otra todo puede tocarlo, la primera ama incondicionalmente, la segunda nunca se entrega ergo, nunca ama. Que complicado, pareciera que las dimensiones del amor para las mujeres siguen siendo ajenas, parece que saltamos de ser objeto para ser utilitarias; siento, presiento que hablando desde este territorio del género la felicidad sigue siendo inalcanzable, porque o lo entregas todo o sólo lo utilizas.

                Es quizás este el punto más arraigado de mi pleito con la diferencia, por qué habríamos de vetar una u otra parte, porque no reconocernos humanos todos, deseantes, amantes, dueños de un cuerpo que anhela sentirse dueño, esclavo, lascivo, poseído, propio, ajeno, pero también de un corazón, latiente, vulnerable, multifacético, viviente, amante.

                Reitero, es complicado, siempre me supe diferente, pero me gusta saberme princesa, nunca he esperado un príncipe que me rescate, pero me encantaría compartir mi reino con alguien a quien mire a los ojos y me reconozca y le reconozca, amante deseante loco, etc.

                Quizás la final de todo no sea un problema de género, sino de humanidad, de los que entendemos y vemos distinto, a los que los estereotipos no nos van, porque no somos ni perras ni princesas, ni machos ni maricas, sino humanos, buscando sentir placer, amor deseo, locura desbordándose por los poros y diciendo estás aquí te siento, no importa mañana, no importa nunca, importa hoy, y quizás está noche sea una o quizás sean el resto de mis noches, pero es por eso que tiene sentido estar aquí.
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de aquí para allá

16:46
De aquí para allá

Nunca resulta sencillo adivinar de qué lado del espejo se despierta, me horroriza pensar que por alguna razón siempre lo hago del lado equivocado. La abuela siempre decía que habría que poner unas hojitas de  malva bajo la almohada para no ir al mundo de las brujas mientras se sueña.  A mi soñar me parece vivir horas extras. Quizás por eso nunca estoy segura de si he despertado aquí, o en realidad estoy allá. A veces allá es evidentemente distinto, pues aquí no se puede volar como se hace allá pero hay días en los que aquí es tan extraño que pareciera completamente allá.  No estoy muy segura de preferir el sueño a la vigilia, me asusta ser una hormiga, creo que soy muy pequeña para pretender ser algo tan grande. Cuando despierto de este lado del espejo que no sé muy bien si es aquí o es allá, siento como el cuerpo se vuelve ligero, por el contrario cuando abro los ojos y estoy del otro lado, una pesadez extraña se apodera de mí y  me cuesta mucho moverme.  Las personas también son distintas en un lado y el otro. Las personas de aquí no me gustan, sospecho muy seriamente que sean fantasmas y no gente.  La abuela creía que yo era un alma vieja, quizás tenía razón, vivir a turnos dobles y confundida debió hacerme envejecer.
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Fragmentos de locura

22:11
Desconocía por completo el momento justo en el que las paredes comenzaron a hablarle, una mañana se descubrió en medio del colorido cuarto, cubriendo afanosamente con una mano el orificio por donde estaba segura habían estado escapando las ideas. De pronto, una voz proveniente del muro del fondo comenzó a contarle una historia fantástica, al principio era complicado entenderle, pues su tono gutural hacia confundirle con un gruñido, con un eco guardado o con un murmuro muy grave. Desde su llegada a ese lugar, no había cruzado palabra con nadie, quizás por eso el hecho de escuchar una voz que no era la suya, la reconfortaba, prefirió no preguntarse por la procedencia y la lógica de un muro que habla, asumió que como todos aseveraban, estaba loca y en la locura era “normal” sentir que las ideas escapan y conversar con las cosas. Aunque bueno, no podría decirse que ella conversaba propiamente con las paredes, sólo las escuchaba.


No siempre era la misma la intensidad de las voces que emanaban de las paredes, a veces susurraban, otras gritaban frenéticamente, ella no sentía miedo, hacía mucho tiempo que no experimentaba tal cosa, en ese cuarto, en ese lugar todo era posible, estaba fascinada con su locura y el universo interminable que había venido con ella. Descubrió una constante en el sonido, si ella quitaba la mano de su cabeza, las voces eran más fuertes, más claras, si ella volvía a tapar el lugar por donde le escapaban las ideas, las voces se hacían tenues. Lo pensó un segundo y concluyó, las paredes habían estado robando sus ideas, por eso su cabeza era cada vez más ligera, por eso cada vez había más color en los muros, volvió a agradecer su locura, esa bendita locura, que entre muros, historias, colores e ideas se creaba y recreaba en sus manos.
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Locura

18:05


Estados espirovolitivos voluntarios
 
Cada vez me asusta menos la locura, el desdoblamiento de mis voces, las miles de noches escondidas en mis manos, la extravagancia de las luces, los días, el tiempo, los ecos,  las miradas y el sin fin de realidades inciertas que muy de cerca coquetean con mi razón. 
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Sola

18:50
Anoche hablaba con ella, evasiva como siempre, enredaba sus dedos en mi cabello para no contestarme. Me exaspera la contundencia que tiene para encajar sus uñas en mi espalda y hacerme amarla cuando tanto la detesto. Se fumó mis cigarrillos, se bebió mi cerveza y manchó mi teclado con palabras llanas, con quejas pueriles, de pasados mejores, de un presente ambiguo, de tiempos no venideros. La observé, le reñí, pero como siempre, es ella más fuerte que yo, basta su fría mano posándose un segundo sobre mi hombro, para corroborar: le pertenezco.


Entonces ella y yo escribimos cartas. Sí, cartas: largas, alegres, formales, cortas, confidenciales, tristes, hermosas, emotivas, absurdas, frías, honestas, crueles, falsas, etc. Cartas. Algunas las firmé yo, la mayoría lo hizo ella, en realidad no importa, no tienen destinatario alguno. Cuando llegó la mañana y la rutina la hizo brincar para huir por la ventana, me susurró al oído a manera de despedida: Buen día, triste hermana, sola, sola, sola..
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Una mañana cualquiera

14:36
Desperté con las palabras del sueño en las manos, aún podía sentirlas, no terminaron de desmaterializarse sino hasta minutos después de haber abierto los ojos.  Siempre sucede así, la mañana termina de a poco pero sin piedad, con los desquicios de libertad que durante la noche disfruto.  Incorporarse a la rutina cada vez  resulta más complicado, por lo general comienzo con  la taza de café, que más o menos des aletarga mis sentidos y me permite comenzar a reconocerme, observar mis  manos que no me son del todo familiares, me hace pensar que este cuerpo no me pertenece, siento que usurpara un lugar en el mundo, en este mundo al menos.
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Estrenado 28 o Más sabe el diablo, etc.

0:19
Mi amigo Román, tiene una forma fenomenal de hacerme sentir bien cada que comienzo a mal viajarme por estar en la antesala del tercer piso, habla sobre la intensidad y la locura, de las noches y los excesos, de los placeres y el sexo, de la intelectualidad y el arte, del conocimiento y el trabajo, al conjunto de todas esas características las llama: ser un adulto contemporáneo. Muchas de esas cosas son clichés raros, que en algún momento encajaron conmigo, pero que ahora no son más que intensos recuerdos otras las sigo disfrutando, como cuando recién se descubren. Contemporáneamente o a la antigua he llegado a la precisa edad de 28 años, logré llegar a esta cifra sin deprimirme de manera previa, por el contrario, esperaba ansiosa, los regalos, la fiesta, los abrazos, las reflexiones y todas esas cosas que vienen con los cumpleaños


Pasaron cosas muy interesantes la semana previa al cumpleaños, por ejemplo el lunes una caja misteriosa con los primeros 6 tomos de En busca del tiempo perdido, con una botella de tinto y un anónimo que decía: Mi último suspiro, si quieres el séptimo encuéntrame, Feliz cumpleaños. La verdad es que de inicio, no quería ni abrir los libros, que tal si tenían ántrax o algo parecido. Después pensé que tenía un acosador y claro cómo producto de horas y horas, viendo mentes criminales, asumí que el ignoto tendría que ser un hombre caucásico, a falta de Spencer (o por dios chiquito papá), comencé la investigación, hice una lista de sospechosos, en realidad era una lista muy pequeña, no hay tanta gente en este planeta que tuviera tan lindo detalle conmigo, fui tachándolos de uno por uno, a “X” porque Proust le puede sonar a marca de condones, a “Y” porque es proporcionalmente culto a su tacañería, a “Z” porque me entreviste con él y pude ver en sus ojos que no mentía cuando decía que él se declaraba inocente.

Cierto extraterrestre que rondaba mi tierra, me dio unas lecciones de vida intergaláctica maravillosas, útiles pero al mismo tiempo muy reveladoras, parecía en este momento que el mundo se venía abajo, después de observar el infinito, el mundo se vuelve tan pequeño, pero comprendí casi al instante que por eso mismo, más y más valioso.

Otro día de esa semana un corazón roto en casa, me obligó a descorchar el vino enviado por el ignoto, además de una botella más abandonada por mi ahora abstemio vecino, y entre charlas de faldas y de pantalones, mi buen amigo Romy me permitió abrir el regalo que desde el lunes aguardaba en mi habitación, con un letrero especificando que no podía ser abierto hasta exactamente el día 30, pero ese día para aligerar el sufrimiento del corazón roto, de él por supuesto, pude quitar ese rojo papel de Puca, que cubría la caja para descubrir “o por dios, es grandioso” tenía, bueno ahora tengo en mis manos la serie completa de los Thundercats… uoooo!! La mera onda, ya tenía hasta ese momento dos regalos muy rifados, el primero de un ente desconocido y el segundo de mi Cuatisimo, hermano Romy.

Durante toda la semana estuve planeando mi gran fiesta “sorpresa” de cumpleaños, mandé la invitación por la red social de moda, el objetivo reventar la casa, el contra tiempo mi vecino que decidió era la mejor idea traer a su esposa y a sus tres hijas a pasar unos días en la casa, y lo digo así literalmente en la casa, no en la ciudad, no, no de vacaciones, no, en la casa. El panorama ante eso no fue bueno, parecía que las cosas comenzaban a no salir bien. La fiesta tuvo que ser pospuesta, con resultados desastrosos, los invitados no llegaron, la festejada se enfermo y todo termino en cuatro cajas de pañuelos desechables y una cantidad impresionante de mocos.

Como sea, el día de mi cumpleaños, tuve un pastel familiar, papá y mamá vinieron a verme (bueno en realidad vinieron a ver a León, pero aprovecharon para darme mi abracito), sople velitas, le mordí al pastel y esas cosas bellas que no se pierden como costumbre en mi familia.

Puff, ya para cerrar este post, los 28 empezaron como ha sido toda mi vida, un excitante espiral de acontecimientos, hasta el momento no se quien es el ignoto, pero ya no quiero saberlo, no he terminado de ver los Thundercats pero en eso estoy, mi familia sigue siendo uno de los pilares más sólidos y maravillosos que tengo, todavía no se me terminan los mocos, pero al menos sé que de esta gripe no estaba destinada a morir. Por último, como último acto de depuración, arme una carpeta con todas las fotografías de pasados dolientes, las comprimí, las mandé muy lejos de mi alcance y elevé mi ancla definitivamente, lloré, si lloré mucho, no es fácil cerrar una ventana que sin querer mantienes abierta, pero ya, es momento de navegar otros horizontes y encontrarse en otras miradas.

Creo que ahora si me excedí con la dimensión y lo personal del post, pero como siempre digo en estos casos, "ES MI BLOG Y ESCRIBO LO QUE QUIERA".
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Los domingos

21:38


Aunque me resista a aceptarlo, soy un animal de costumbres y rutinas; los domingos acostumbro dejar que las palabras se amotinen en el cuerpo y al final broten como se les dé la gana, está no es una experiencia del todo placentera, más por el contrario, tendría que decir que es dolorosa, las palabras tienen garras y dientes afilados que lastiman en su paso apresurado y violento que busca desbordarse. Los demás días es más fácil enredarlas entre los dedos, entretenerlas entre lecturas y discursos, quizás hasta acariciarlas un poco, jugar con ellas como si fueran felinos domesticados que cuando les es preciso se acercan a ronronearle a su amo, en fin, utilizar las necesarias y fingir que no existe el resto.

Es domingo, es normal, las palabras se suicidan.
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Redes divagantemente sociales

12:23
El cursor me reta, se burla, parpadea y me incita a perseguirlo unas cuantas líneas al menos, me resisto, a veces trato, pero nada, el tintero está seco, las ideas se difuminan tal cómo van llegando y el ánimo está revuelto y ligeramente confundido.

Hace unos días seguía en twitter una discusión sobre el impacto de las redes sociales en la creatividad literaria, las reflexiones iban desde la brevedad hasta el plagio y la enorme cantidad de basura seudo literaria que se mueve en estos contextos. No llegué a las conclusiones, porque aunque de repente me cause adicción esto de la ciber vida, todavía tengo una real, lejos del ipod y la computadora, pero me quedé pensando largo rato sobre este asunto.

Recuerdo que yo comencé con los blogs, hace aproximadamente siete u ocho años, cuando estaban en boga los espacios de msn, mi blog se llamaba “la catedral de los silencios escogidos” y estaba repleto de muchos intentos de cuentos, poemas y un sinfín de debrayes sin sentido. Aquello pervirtió de una forma muy curiosa, al poco tiempo se crearon pequeñas comunidades de blogeros afines, que se leían y comentaban asiduamente, después iniciaron las reuniones y se perdió el anonimato, aunado a esto los romances y desencantos. Al final creo que algunos conservamos dos o tres personas conocidas de ese tiempo, con quien más allá de los mundos imaginarios que se fabricaban, resultaron valiosas relaciones, pero nada más. Los espacios de msn desaparecieron o perdieron popularidad, algunos emigraron a Blogspot, otros simplemente regresamos al anonimato.

Después de eso, pues ya sabemos el boom de facebook, dónde si bien hay espacios creativos, la mayor parte del tiempo es chisme, chisme, chisme y más chisme. Sí, sí tengo un facebook, justo en él leía un comentario, que decía algo así cómo “que retro, tienes un blog, eso es como muy del 2000” la verdad es que por un momento me quede pensando, que ya soy retro en el ciberespacio, después argumenté a mi favor que también tenía un twetter, que es como la onda en estos días, y entonces llego la estocada final, pero el veinte perfecto para explicar todo el asunto creativo o no creativo del ciber espacio, esta persona que me dijo casi casi, obsoleta y pasada de moda, me preguntó “¿Cada qué twitteas? ¿Cada que actualizas tu blog?” Mi respuesta es que la verdad no hago tan a menudo ni una cosa ni la otra. Y entonces ahí la reflexión interesante, antes tenía una idea y trataba de desarrollarla para postearla, ahora la concreto y la pongo en un twett, haciéndola perder quizás el potencial que originalmente pudiera tener. Por otro lado, hay cosas que deben ser así, microficciones, sin más choro ni ornamentos.

Al final creo que la creatividad no depende precisamente de la extensión, digamos que twittear es como tener la cabeza llena de pájaros, y dejarlos ir de uno a la vez, algunos regresan más grandes, más hermosos, entonces se pueden volver un muy buen post, otros simplemente se van, desaparecen y no vuelven más.
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Llévenla al baile!!

19:08
Nunca me ha gustado pensar en la predestinación genética como algo determinante en la existencia, es decir, siempre he preferido pensar que es cada quien a partir de su formación y su libertad quien pone las limitantes, para hacer tal o cual cosa. La experiencia aunque no me gusté aceptarlo, me ha mostrado que estoy equivocada y me ha hecho reconsiderar: sí hay una parte que aprendemos para ir forjando un camino, pero también hay una parte que se trae, o q no se trae y no hay forma alguna de adquirirlo.

Esta reflexión viene a que, yo no bailo ni en defensa propia, no se me da, simplemente no es algo que tenga yo en el cuerpo, eso de coordinar mano pie y además mover las caderas y los hombros con ritmo ¡ooooh por dios! Es lo más complicado que alguien puede pedirme que haga. Nunca había tenido problema con aceptarlo, siempre que alguien me preguntaba, yo respondía fría y secamente, que el baile me parecía algo primitivo, ya saben disfrazar de mamonés la carencia. Nunca tuve mayores líos, me rodeaba de gente no bailante, entonces todos felices.

El asunto, el problema o por lo menos la cuestión comenzó a cambiar, cuando precisamente empecé a coincidir con gente bailarina, cuando mis fiestas cambiaron de sólo charla y viajes mentales a interacción social, con personas que gustan de frecuentar esos sitios donde todo mundo le saca brillo a la pista. Al inicio, igual me sentaba e inventaba alguna escusa, decía muy honestamente, no sé bailar, entonces venía la parte donde alguien me insistía y me insistía bajo el argumento que lo importante era divertirse. Nada más lejos para mi concepto de diversión, era lo más estresante del mundo, me sudaban las manos, no podía dejar de ver mis pies, y cuando por fin agarraba el paso, la canción llegaba a su fin, entonces inventaba algún pretexto y salía del lugar lamentándome tristemente por mi incapacidad física para el baile.

Apelando a lo que comentaba al inicio de este post, con la firme convicción de que el hacer o no hacer algo, no depende de ese tipo de limitaciones, sino de esmero, libertad y formación, decidí cambiar mi vida, ahora iría a todas las fiestas donde hubiera que bailar, diría siempre sí a una invitación para hacerlo, me concentraría firmemente en lograr si no ser el ama de la pista, por lo menos en no parecer robocop con epilepsia. Poco a poco, fui encontrando lo divertido del asunto, además si le ponía el ingrediente secreto (chelas) uuuh!! Sabor… o al menos eso pensaba, hasta que, no sé si alguien que me quiere mucho o no me quiere nada, me grabó en uno de esos rituales de arritmia, es lo más divertido, yo tengo una cara de wow, como lo gozo, pero mi cuerpo no expresa precisamente lo mismo, creo que superé la etapa robocop y pasé a la etapa play móvil.

Una resignación extraña  llegó a mi vida, yo-el baile, no somos uno mismo, que digo uno mismo somos como universos paralelos.  Definitivamente hay cosas que no se te dan y punto.
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Debrayar

21:31
Estos días he andado muy productiva en el blog, entiéndase me he desentendido completamente de mis labores habituales y me he concentrado en plasmar cuanta babosada pasa por mi cabeza.  No está mal, de vez en cuando hasta creo que es sano,  unos días de debraye por escrito, liberan a la cabeza de estupideces mayores y aligeran el riesgo de ataques sicóticos o peleas sangrientas con amigos imaginarios.  Además he notado que mis post están menos revienta vena, lo drama Queen  no se me va a quitar nunca, pero creo que en este momento me encuentro en un punto más sínico de la vida, reírme me viene bien, al menos por ahora. Al final pareciera que el mundo es un gran pañuelo desechable.
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Los misterios de la vida

19:37
Vivimos en un mundo enigmático, hay tantas y tantas cosas que no sabemos y que ni siquiera ilusamente podemos ambicionar saber algún día. La ciencia es una quimera, que hace como que se acerca a la debelación de tales misterios, pero en realidad nunca está lo suficientemente cerca. La filosofía coquetea de manera descarada con todos los “saberes”, pero tampoco logra nunca terminar de poseerlos. En fin, a veces uno se agobia con las preguntas más relevantes y complejas del universo: “¿Quién soy? ¿Existe Dios? ¿Cuál es la causa primera? Etc.” Noches y noches de pensar y repensar sobre el sentido de la existencia, noches y noches quemándose las pestañas intentando entender a los grandes pensadores de todos los tiempos, es más, hasta algunos más locos que otros consagran su vida entera a esta infinita labor, muy noble por cierto, pero también muy mal remunerada. Pero bien, mi intención no es quejarme de lo escaso de mi sueldo por haber elegido la filosofía como profesión, tampoco ponerme a dilucidar sobre si es la ciencia o la filosofía quien nos da la respuesta más acertada, no, no, para nada, es más ni siquiera es poner de manifiesto mis puntos de vista respecto a las posibles respuestas a tan grandes misterios, no y no, mi intención es plantear algo más simple pero doblemente agobiante, además quiero pensar que es una preocupación global, estoy segura que a todos alguna vez nos ha pasado. Es tan desconcertante. Bien sin más preámbulo planteare en este mi blog de desahogo y reflexiones, las preguntas que desde la tierna infancia han atormentado mis días:


¿A dónde van los calcetines extraviados? ¿Por qué siempre desaparecen de uno en uno? ¿Existe un cielo para calcetines donde todos tienen una vida mejor?

Mi hermano, que se desespera con tanta pregunta y es un hombre más práctico, me dio una solución para menguar mi angustia: Has nuevos pares con los calcetines nones que conservas, perros con perros, puntos con puntos, spider man con spider man, etc.  Es cierto, no elimina mi angustia, pero me ahorra unos pesos para no tener que comprar pares nuevos.
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