martes, 30 de marzo de 2010
Más textos de sexo, muerte y café
Dejas caer el cerillo sobre el cenicero y te concentras en quemar el rastro del mal sueño con la primera bocanada, aspiras y sientes esos majestuosos cinco segundos de nicotina recorriendo tu cuerpo, cierras los ojos y sientes como la satisfacción deja de lado la ansiedad con q dormías. Miras la hora, es de madrugada, todos aún duermen, buscas en la cocina un vaso de leche tibia, el refrigerador está vacío y lo único q atinas a llevar a tu boca es un sorbo del café de ayer, lo bebes mecánicamente, no importa q este frío y q no tenga azúcar, te tiene sin cuidado q esto altere aún más las horas del sueño, de cualquier forma ya soñar no ha resultado placentero, en la vigilia te sabes a salvo.
Deambulas aletargado, enciendes otro cigarro y te posas junto a la ventana, con la mirada fija en la avenida, escuchas el ruido de los autos q vienen y van, entonces la ves -o la inventas-, escuchas el acercarse de sus tacones hasta estar frente a tu puerta, sin dudarlo abres y extiendes los brazos, le haces saber cuánto la esperabas, le cuentas sobre tu mal sueño y la tranquilidad q te provoca tenerla en casa, ella se quita el abrigo, te ofrece su cuerpo y te pregunta si ya es tiempo, tomas lo q te da, respondes afirmativamente mientras te hundes entre sus piernas, ella sonríe y no precisamente por el placer q le provocas, acerca el arma a tu rostro, pregunta si lo harás tú o tendrá ella q mancharse las manos, a un paso del orgasmo imploras a gritos, por q lo haga ahora…sientes las contracciones de su sexo y eyaculas en medio de la frustración de saberte vivo y el placer q siente el cuerpo. Ella se pone de pie, toma su ropa, pinta sus labios, y se aleja diciendo q aún no estás listo. Intentas detenerla y pedirle q termine por matarte, q te arranque de un solo tiro la existencia, es inútil ella ha desaparecido. Giras la cabeza y el frío metal del revólver en tu almohada te hace despertar, abres los ojos y sientes miedo… no lo hizo la dama de tus sueños… y tú sigues sin el valor necesario para hacerlo.
sábado, 27 de marzo de 2010
INCONEXIONES
Te desvaneces en un aislamiento voluntario, a veces deprimente pero productivo. Poco a poco tu imagen se ha vuelto borrosa, ellos ya no saben si existes o te inventaron…
II
Muchas noches las has pasado en silencio contemplando en tu exasperante insomnio las luces de la ciudad. Siempre te han parecido más excitantes los miles de focos, faros y lámparas que los millones de estrellas que tachonean el firmamento, después de todo, las luces de la ciudad siempre son otras y las del cielo nunca dejan de ser las mismas.
sábado, 20 de marzo de 2010
Gajes del oficio
Poco a poco me he acostumbrado a los fríos, impersonales y debo decirlo muy cómodos cuartos de hotel, con sus sabanas blancas y sus esponjosas almohadas, su agua caliente al minuto y sus impolutas tinas, esas ventanas enormes que muestran un mundo igual de frívolo y ajeno que todo lo que hay en la habitación. Como parte de mi trabajo de vago asalariado, he conocido cientos de esos cuartos, en realidad son pocas las diferencias entre unos y otros. No me quejo, la verdad es q no es tan malo, nunca hay q limpiar ni siquiera tender la cama, si algo no me agrada o necesito algo, basta marcar a la recepción donde una mujer me odia pero está obligada a ser amable y lo resuelve . Todo parece bien hasta ahí turismo laboral y hospedaje cinco estrellas.
El problema es cuando me toca compartir, he visto desfilar cada fenómeno como compañera de cuarto, desde las que roncan como locomotora hasta las que me despiertan a las seis de la mañana al ritmo de Can Can, porque es hora de salir a correr, las que tardan más de 30 minutos en la ducha o peor aún las que ven telenovelas y quieren platicar incansablemente sobre su vida como si a mi realmente me importara .
Esta semana la ciudad de Taxco me albergaba plácidamente, mi compañera de cuarto una joven mujer de trato amable pero no empalagoso, amante de las telenovelas pero no conversadora, madrugadora pero discreta, demasiado bueno para ser verdad, pensé, pero me permití gozarlo tranquilamente, pude tener mis lecturas nocturnas en el balcón de la habitación, dormir tranquilamente y limitarme a decir buenos días y buenas noches.
Desafortunadamente el amor, el whisky o la calentura, no soy quien para juzgarlo, transforman a las incipientes almas de los grises mortales en incivilizadas bestias victimas de sus impulsos. Dormía yo tranquilamente cuando unas risitas ebrias y desconsideradas arribaron al balcón. Mi compañera de cuarto había regresado del bar con un acompañante y tenían en el balcón un preludio amoroso, con frases tan trilladas como desagradables respecto a lo excitados que se encontraban ante su "maravillosa" aventura. Hasta ese momento me limité a darle vuelta a mi almohada y pretender que nada pasaba, lo complicado fue cuando escuché las frases de convencimiento para que lo invitara a pasar y poder concluir lo que tanto se complicaba en el limitado espacio ahí afuera. Escuché como se abría la puerta y como chocando contra todo entraron, en el fondo esperaba que preparan café y se despidieran, pero eso no paso, el concierto de frases sucias y gemidos continuo por largo tiempo. Momento más bochornoso no he vivido ¿qué haces cuando una compañera de cuarto asignada y desconocida tiene una noche de sexo y pasión, mientras se supone tu duermes en la cama de al lado?
Tomé valor y decididamente me levanté, mostrando descontento al azotar la puerta , salí a la salita de estar que está afuera, esperando mi mensaje fuera claro y preciso, lo que había hecho ella era inadecuado y descortés, quería a ese tipo fuera de la habitación, que se fueran a continuar con eso en otro lado. Los minutos pasaron, las horas no se detuvieron y la mañana llegó, recargada sobre mi brazo izquierdo desperté, adolorida por dormir sentada pasé la noche en un maldito sillón, el tipo salía de la habitación y ella a medio vestir, me recibía con una estúpida sonrisa diciendo "gracias que buena onda eres, yo no me habría ido así…"
Aún podía reportarla y estaba dispuesta a hacerlo , eso seguramente la dejaría sin empleo y aprendería muy bien la lección, pero cometí el gravísimo error de comunicarle mis intenciones, entonces la mujer no conversadora de toda la semana hablo por más de una hora sobre su trágica infancia y su horrible adolescencia, me conto la larga historia sobre su matrimonio fallido y su desigual divorcio, me enseñó las fotos de los tres hijos que esperaban en casa para ser alimentados por ella, el único sostén de la familia, me resistí para no llorar, pero cuando hablo de lo duro que es pagar un alquiler y vérselas sola en el mundo, no pude más.
Lo sé, muy seguramente me vieron la cara de pendeja con la historia...gajes del oficio?
domingo, 14 de marzo de 2010
Adoles-ciendo
Pero es así, conforme crecemos la capacidad de asombro se agota, el dolor es lo único que reconocemos como real y tristemente se nos beta el acceso a la felicidad de ese instante mágico en que dos seres se encuentran uno a la par de otro sin más fin que saber que se tienen, sin reclamos, sin mentiras, sin pasados trágicos.
martes, 9 de marzo de 2010
Caramelos
Amanda se levanta a buscar la bolsa de dulces, toma uno, se lo echa a la boca, y se recuesta sobre la alfombra guinda q cubre el piso del hostal, su mirada se pierde en las estrellas proyectadas en las paredes por la pantalla de la lámpara q gira, cierra los ojos para imaginar q esta ciega, pero aún así las estrellas siguen dando vueltas en torno a ella, piensa q tal vez, ella misma ahora este girando y q cuando abra los ojos, será porque todo habrá parado, y no tendrá q ocultarse más. El caramelo termina por desaparecer en su boca, y el sabor a uva, poco a poco comienza dejar paso a lo amargo de su salivar cuando algo la aflige; abre los ojos, se pone en pie, recorre con la vista la habitación hasta llegar a las ventanas, se concentra en las luces azules de los carros q pasan a lo lejos en la carretera, piensa en q quizás mañana alguien vea las luces de su auto por esa misma ventana, quizás mañana otro prófugo de sí, se recueste en la polvorienta alfombra para sentir que es estrella.
La luz de la mañana se cuela entre las cortinas, alguien toca a la puerta, para recordarle a Amanda q el cuarto vence a la una; observa el reloj, las 11:30, apenas hay tiempo para bañarse y buscar otro punto en el mapa. Toma su mochila y las llaves, se asegura de no olvidar nada y sale del cuarto dejando un par de caramelos sobre el buró. Sube al auto, enciende un porro y sintoniza la radio difusora local, prende el vehículo y comienza un nuevo día de travesía hacia ningún sitio, Amanda se concentra en las líneas amarillas de la carretera, son como estar en un videojuego, su auto es pacman y las líneas son puntos luminosos q hay q devorar antes de q la alcancen los fantasmas del pasado. La tarde rebasa a la mañana y las primeras estrellas en el cielo anuncian la noche, Amanda conduce sin problemas hasta el pueblo más cercano para buscar algo de comida, un sitio donde pasar la noche y un teléfono de monedas, estaciona el carro en las orillas de la plaza y comienza a caminar por las pintorescas calles del poblado, la única posada en el pueblo es atendida por un anciano desconfiado q le niega la entrada a causa de su mala facha.
Amanda sube a su auto y se dispone a abandonar el lugar, no acostumbra conducir de noche pero esta vez pareciera no tiene opción. Gira la llave, la marcha no da para más, vuelve girar, pero el carro no enciende, Amanda comienza a resignarse a pasar la noche dentro del auto para mañana con calma revisar q le sucede, prende un cigarrillo, busca en su mochila los dulces y decide caminar, mientras la noche pasa. Camina cavilando, en su huída, pensando en lo q se queda, revisando lo q esta, da vueltas por las mismas calles, escuchando como las casas se quejan y cuentan historias similares. Vuelve la cabeza y se percata de que alguien recoge sus pasos, por un momento la invade el miedo y aprieta el paso, después cae en cuenta q correr no tiene sentido, puesto q en realidad no tiene a donde ir para ocultarse, así q se detiene y espera bajo un farol a que el extraño se acerque, es un hombre de frágil complexión, y cabellos largos q al estar frente a ella le extiende la mano.
-Arón, compañero de viaje
-de viaje? Q viaje?
-tu viaje.
Amanda lo observa desconfiada, y para ocultar su nerviosismo asiente a extender la mano mientras con la otra busca en la bolsa de su chamarra otro caramelo, es el último, quita la envoltura torpemente y se lo lleva a la boca, sin despegar la mirada del desconocido.
-Es q no compartes tus dulces?- dice Arón con tono de ironía.
-lo siento es el último, pero dime porque me seguías?- Responde Amanda siendo firme en sus palabras.
- no te preocupes por los dulces tengo los q olvidaste sobre el buró.
-no los olvide… como sabes tu de eso?
-… yo puedo saber demasiado, quizás nada… pero no tengas miedo, no se nada q tu no quieras q sepa, ven caminemos, la noche es muy fría y no quiero q te congeles.
Arón toma la mano de Amanda, q pese a su asombro no pone resistencia, caminan por largo rato sin soltarse, Amanda desconcertada, no para de cuestionar a Arón, quién es? Porqué esta aquí? Duda incluso de q él sea real. Él por su parte, sonríe plácidamente y se limita a hablar de la luna, del viento q rompe en sus caras, y de lo mágico de la noche.
Llegan hasta la posada, donde horas antes el anciano negó la entrada a Amanda, Arón solicita una habitación y el anciano sin poner mayor resistencia le da las llaves. Suben escaleras, y llegan al cuarto asignado, Amanda se recuesta en la orilla de la cama y se da cuenta de cuál vulnerable se encuentra, Arón le roza la cara, con tal delicadeza q pareciera teme hacerle daño, besa su oído y siente como ella se estremece y voltea para encontrar sus labios, los besos tiernos q dieron inicio a la batalla, se transforman en instantes en armas mortales, q no permiten a sus cuerpos negarse a morir uno en manos del otro, la cadencia y el ritmo en sus caderas, los lleva a danzar plácidamente, a cerrar los ojos y a saberse estrellas, a viajar por galaxias infinitas y reventar entre ellas para después morir, y caer nuevamente al abismo en la tierra.
Amanda enciende un cigarrillo, mientras observa el cuerpo desnudo de Arón y dice con voz ansiosa – Aún tienes dulces?
-Sí. Limón o uva?
-Dices saberlo todo, debes saber cuál prefiero.
-no, no puedo saberlo todo, pero se q te gustan los de uva.
-y q más sabes?
-se q huyes de ti.
-eso es imposible, no puedo escapar de mi.
-lo sabes, lo sé, pero eso no es suficiente.
Arón acerca el caramelo sin envoltura a los labios de Amanda y sonríe complacido al ver como su gesto cambia cuando aquel dulce morado toca su lengua, Amanda paladea el dulce a la par de la duda de quién pueda ser este hombre.
-Porqué me seguías?
-No, no te seguía, te encontré.
-Me buscabas?
-A veces uno encuentra sin buscar.
-o a veces busca sin encontrar.
Amanda se levanta y se aproxima a la ventana, cierra los ojos y como es costumbre finge ser ciega, sabe q Arón la observa, con la yema de sus dedos palpa lo suave de su piel desnuda, y abriendo los ojos de a poco pregunta
-Tu te quedarías a mi lado?
- q necesitas?
- Por ahora dulces.
-Solo queda uno y es de piña.
-Tu te quedarías a mi lado?
-q necesitas?
-Dulces he dicho.
-Ammm entonces no me necesitas.
El cuarto queda en silencio, Arón se acerca a Amanda, besa sus hombros y baja por su espalda, ella suelta una pequeña risita por las cosquillas q provocan las barbas de Arón, él besa cada centímetro de piel, ella solo da rienda suelta al placer y se permite sentir, los dos fingen ser ciegos, y juegan a estar locos, sacian sus instintos en copulas interminables, q nublan la razón. Todo parece tan simple, tan primitivo, solo son ellos jugando a ser.
Los cuerpos caen rendidos, pero ellos se resisten a dormir, temen q al despertar, sigan viajando, sigan huyendo, pero sin saber q se siguen q uno es parte del otro. Arón destapa el último dulce y lo come a mordidas, mientras pregunta
-tu te quedarías conmigo?
-no me gustan las cicatrices.
-la vida nos marca.
-no me gusta la vida.
-Tu te quedarías conmigo.
-solo si tuvieras dulces.
El silencio los inunda y por fin poco a poco quedaron dormidos.
El sol de la mañana despierta a Amanda, quien se descubre sola, busca su ropa, toma sus llaves, y los dos dulces q Arón ha dejado para ella en el buró. Busca su auto y se dispone a conducir otros cuantos kilómetros hasta q ella misma se alcance.
sábado, 6 de marzo de 2010
Esperar
viernes, 5 de marzo de 2010
Sobresalto
La hoja en blanco
jueves, 4 de marzo de 2010
Despedidas
El viento hace parecer que la noche está furiosa, se habrá enojado conmigo por dejarme caer nuevamente, me duele, me duele en las rodillas, en los huesos, en el alma. Sé que no vas a escribir, sé que el dolor te aparta cada vez más de mi… Si sólo pudieras sentir la fragilidad de este corazón ingenuo, si pudieras sentir el peso de los días en que te he esperado… pero estas lejos, ahí del otro lado del espejo, donde nada parece tener sentido, donde no puedo alcanzarte. En sueños y en vigilia, de día de noche y a cada hora, no puedo hacer más que sentir que te alejas, que te ensimismas un poco a cada instante hasta dejarme fuera, hasta no ser más en mi.
Revuelvo cada una de las frases de la despedida, buscando la adecuada para no seguir cayendo, la precisa, algo, eso que tus labios dijeron antes de iniciar la partida, pero todas una a una se vuelven arena en los oídos, me he quedado sorda al pretender reconstruirlas.
martes, 2 de marzo de 2010
Ella es de chocolate
sO Aún recuerdo cuando en aquella lejana infancia los chicos de la calle jugaban encantados, quemados, las traes, futbol, o cualquier cosa que implicara alguna acción física, me asomaba a la ventana con la esperanza de que me invitaran a jugar, esperanza ilusa, casi nunca sucedía, a menos que la mamá de alguno de los que jugaba se acercara a mí y me preguntara:
-¿Porqué no juegas con ellos?
-Porque no me juntan
- Jueguen con ella.-ordenaba
Después venía el eterno pleito porque nadie me quería en su equipo, cuando por fin alguien perdía el volado y se tenía que quedar conmigo. Entraba al campo de juegos pensando que haría mi mayor esfuerzo, pero inmediatamente les escuchaba decir, ella es de chocolate, las primeras veces aún intentaba correr tras el balón o esquivar a quien las traía, pero pronto me daba cuenta que no participaba en el juego, que era yo la de chocolate, dejaba de correr, alguno me empujaba y mejor regresaba a mi ventana a mirar hasta q terminaba el juego.
Poco a poco entendí que las actividades físicas no eran precisamente mi fuerte, no podía culparlos por no quererme en su equipo, era peor que mala. Conforme crecí fui descubriendo cosas para las que soy buena, otras que disfruto aunque me cuesten trabajo y muchas más en las que soy más mala que en los juegos físicos.
El amor es una de esas cosas donde soy la peor jugadora, me di cuenta que soy una enamorada de chocolate, que corre hacia todos lados tratando de involucrarse en el juego, pero sucede que no soy parte, él dice: es de chocolate, yo si entiendo el juego. Quizás sea buena idea dejar la ventana, qué más da quién gane el juego, sé que no seré yo.
viernes, 26 de febrero de 2010
Estremecimientos
"Todavía se estremecen mis manos al mirarte" Se leía en una de las paredes del baño público, donde después de algunos kilómetros recorridos tuve que parar para orinar, me quedé observando por un minuto la frase, contrastante con la pestilencia del lugar. Sentí un poco de pena ante el contraste: una frase hermosa en el más vulgar de los sitios. Sentí un poco de envidia, nadie nunca escribió, dijo o pensó algo así para mí… Salí del lugar y continué mi camino sin poder alejar de mi cabeza tu imagen y esas palabras…
¿Te estremecería tan sólo un poco el mirarme?
jueves, 25 de febrero de 2010
Ideas que viajan
Las ideas llegan a mi cabeza, onduladas, dispersas, confusas, pareciera que vienen viajando ya desde hace mucho tiempo, dibujando espirales en el aire que las toca y haciendo mella en quien azarosamente las piensa. Anoche justo antes de lograr conciliar el sueño, como todos los días pensaba en ti, imaginaba tu respiración acompasada mientras yacías tendido sobre tu cama, por lo que sé últimamente tus noches no son muy placidas, pero preferí pensarte así: tranquilo, con un esbozo de sonrisa en tus labios, imaginándome a mí que te imagino y encuentro la calma en esa visión de ti justo antes del sueño. Me aferro a esa idea, le pongo nombre, la cuido celosamente y no permito nadie asome a mis pensamientos evitando pueda pervertirla. Al principio las noches eran la parte más complicada, me dolía el lado izquierdo de la cama, ahora me duelen las calles, los ojos, las manos, los días, las vidas, el sol; pero las noches no… y no es porque mi cama haya aprendido a dormir sin ti, no es porque ya no sienta el dolor agudo de mis rodillas al buscar tus costillas para acomodarse, no, no es eso. Es que ahora puedo atrapar un par de tus ideas que vienen viajando desde las fronteras de nuestro sur, hasta el norte de mi cama, se enredan en mis cabellos, juegan con mis estrellas y en esos momentos te siento cerca…
jueves, 18 de febrero de 2010
Morí
Hacer trámites burocráticos es una tortura. Estoy segura que en el infierno hay filas y filas interminables y cuando las almas en pena logran llegar al escritorio hay un burócrata maldito, que les dice, "se equivocó de fila, esta es para los que murieron de gripe avial no porcina, va a tener que formarse otra vez allá en la ventanilla 8 " donde obviamente hay una fila doblemente larga y cuando después de una eternidad llegan al inicio de esa fila, hay otro hombre que habla por teléfono y come al tiempo que atiende y le dice, "uuy no, le falta una fotocopia del acta de defunción, donde se especifique la hora con milesimas de segundo exactas de su fallecimiento, vaya a la planta baja a q se la den y luego regresa..." y así infinitamente… un momento, eso ha sido de mi vida la última semana, de fila en fila, de ventanilla en ventanilla… ¿Es qué acaso morí y he ido al infierno?
No, sólo es México y sus perfectamente ineptos y malhumorados servidores públicos. Carajo!!!
martes, 9 de febrero de 2010
Para leer de un tirón
que nos llama de lejos, al último segundo de forcejeo para regresar, para aferrarnos y seguir viviendo, despertar.
lunes, 18 de enero de 2010
La mujer imaginaria
"Para siempre fue mucho tiempo", escuchaba en una de esas viejas películas que me gusta ver y volver a ver, es ocioso dice mi madre, cuando ve que es la tercera vez q pongo una cinta en un mismo día, pero yo sólo muevo la mano en un ademán grosero, indicando que no me molesten y hago un shhhh determinante para q nadie más se atreva a cuestionar mis ganas de verla. Regreso a lo que me ocupa, olvidarme de mi mundo para entrar en el de Toto, el de Anni, el de Tristan o el de Forrest. Sigo cuadro a cuadro sus historias, permitiéndome sentir la emoción de quien las vive y de quien las cuenta, conozco los finales de memoria, pero aún me sorprende y me hace sentir el corazón pequeño el desenlace de cada una de ellas.
Cuando era pequeña, me daba miedo el cine, pensaba que ahí dentro una mente siniestra había aprisionado a esas personas y las obligaba a vivir las situaciones para que yo las viera, al mismo tiempo, cuando salía de la sala lo hacía estirando las manos, para toparme con esa manta blanca detrás de la que muy seguramente estaba y otros me miraban (esa idea no se ha ido del todo).
"para siempre fue mucho tiempo" me golpea, cada vez que la escucho y miro los pañuelos agitándose al viento, pocas cosas me hacen vivir de esa manera siendo la mujer imaginaria que se marcha.
viernes, 15 de enero de 2010
El tren de las seis
jueves, 14 de enero de 2010
Vacaciones mentales
miércoles, 13 de enero de 2010
Onírico
Observas atenta cada una de las frases en las construcciones, algunas las reconoces tuyas, otras recuerdas haberlas leído en algún sitio, pero todas parecen haber sido escritas pensando en que justo hoy estarías aquí, mirando asombrada cada uno de esos edificios. Aún no sabes cómo es que llegaste hasta aquí, qué o quién te condujo a este mirador, el viento revienta en tu cara y juega con tus cabellos, se siente bien, es cómo cuando niña, tu padre te llevaba a volar papalotes durante el otoño. Te propones no pensar, solo sentir, observar con cuidado todos los muros que ante el ocaso toman matices ocres, dando dramatismo a cada una de las palabras que decoran atípicamente la ciudad que ante tus pies se tiende.
Su presencia se hace evidente de pronto, sientes como sus manos delgadas y frías se posan en tus hombros y te hace girar para que encuentres su rostro y entonces preguntarte si te ha gustado, no atinas a contestar solo mueves la cabeza afirmativamente para esconderla en su pecho, sientes sus huesos y aspiras ese olor que tanto disfrutabas, te giras nuevamente, no quieres q te vea llorar, él te abraza por la espalda y te dice que cada frase en la ciudad ha sido puesta ahí, pensando en ti. Es un estado de embriagues exquisito el que te inunda, recorres palmo a palmo el panorama, tratando de grabar todo lo lees en tu memoria.
Por un segundo nada importa, pero al siguiente algo se rompe y lo ves venir con paso decidió, descargando el peso de su ira sobre los escalones que uno a uno, cada vez son menos para llegar hasta donde ustedes contemplan. Seguramente tiene días buscándote y eso lo mantiene furioso, no quieres que te encuentre, asi que renuncias al reconfortante del regalo más maravilloso que has recibido y corres, de la mano de quien te abrazaba, se ocultan en una cueva, te sueltas de su mano y te abrazas a ti, tratando de hacer q el miedo se vaya, levantas la vista y te das cuenta que tu perseguidor es exactamente la misma persona que te consuela y te dice q todo estará bien, esto tiene que ser un sueño, no puede más que ser un sueño… despiertas de golpe, con la necesidad de anotar las pocas frases inscritas en la ciudad q tu memoria guarda.
sábado, 9 de enero de 2010
Entre líneas
Ahora que me he mudado al país de los sueños (y lo digo porque en verdad como he soñado), la verdad es que no he tenido mucho que hacer, eso de perseguir profesores con la intención de ser productiva no me ocupa mucho tiempo, porque son hábiles para evadirme, la biblioteca central ha sido mi refugio, tenía mucho tiempo que no concentraba mi atención en la literatura. Procesar tantas ideas cuesta trabajo, sobre todo cuando se está fuera de forma por eso cuando algo me ha consternado en demasía, camino por los pasillos de la biblioteca escuchando como las baldosas flojas suenan bajo mi pies, curioseo un poco por si algo llama mi atención particularmente en los estantes y trato de procesar la idea en cuestión. Así pues, en esas estaba hoy por la mañana, tratando de encontrar algún criterio de verdad para afirmar que las mujeres somos como la prosa, nunca como la poesía, o algún argumento contundente para desechar tal afirmación. Sin darme cuenta el pasillo en el que me encontraba era precisamente donde se alineaban un sinfín de libros de poesía, pase mi vista por la primera fila, la segunda, la tercera y vi uno de mis libros favoritos de Aridijis, pensé que ahí encontraría la respuesta, la prosa de ese señor cargada de un erotismo sutil pero no por eso menos intenso me tendría que dar la respuesta, estaba a punto de sacarlo de su sitio, pero justo tras ese ejemplar se encontraba "Perséfone", ese nombre me gusta pensé, lo tome y al abrirlo me encontré con una carta, que a continuación cito:
" Hola, mi nombre es Soraya, hoy es 8 de Marzo del 2000, me duele comunicarte, que si estás leyendo esto es porque no se acabo el mundo como muchos ansiosamente esperábamos. Sabes, las casualidades no existen, alguna vez escuche que los libros saltan a tus manos en el momento justo que deben ser leídos, quizás este fuere el momento justo para que me encontraras, yo, lo mismo que las casualidades, no existo, partí precisamente en la fecha señalada por esta misiva en busca de galaxias menos complicadas pero más mortales. Paradójicamente la razón por la que ahora te busco y brinco ante tus ojos para robarte un segundo de desconcierto, es una necesidad inmanente de inmortalidad. En un principio había pensado en dejar una foto y no una carta, pero es que los rostros desconocidos son tan impersonales, siempre sonriendo sin sonrisa, me parecen frívolos, vulgares. Las letras por el contrario, son como fragmentos del alma, así aunque nunca nos vimos, ahora pensaras más en mi que nadie que haya visto mi rostro.
Entre música y polvo desciendo, me desvanezco, esperando pase mucho tiempo después de mi desaparición para hablar contigo, no espero que lo entiendas, solo que no abandones la lectura y me sigas, que me dibujes un corazón alado, que me des vida unos minutos y me permitas conservarla un poco más."
Curioso caso el de Soraya, que busca prevalecer en ojos extraños, supongo que entre blog y blog, habitaremos unos cuantos más con ese síndrome.
viernes, 8 de enero de 2010
Reglas
Dicen que es característica humana la capacidad de adaptación, también se dice que en un medio hostil sólo los más fuertes sobreviven, supongo que hay excepciones como a toda regla y la experiencia me ha enseñado que son más las excepciones que los que cumplen la regla, será esto suficiente para invertir la regla? Y entonces poder decir: "no todos los seres humanos son adaptables " " En un ambiente hostil, no siempre los más fuertes son los que sobreviven"
miércoles, 6 de enero de 2010
Segunda entrega
II. Para no volver
Después de una pesada jornada en la mina, Aldo se desprendía de la ropa de trabajo y se retiraba sin despedirse de nadie, nunca fue un muchacho sociable, vivía solo a las orillas del pueblo, en las faldas de la montaña, a no ser porque toda su vida la había dedicado al trabajo en la mina, nadie se percataría de su existencia; su madre murió en brazos de una comadrona al darle a luz, su padre de cirrosis algunos años más tarde, Aldo con solo ocho años y sin más posesión que la vieja choza, abandono los juegos infantiles para emplearse en la mina picando piedra. Habían pasado ya dieciséis años, desde que él consagrara su vida a esa monótona rutina, el mismo ir y venir hasta las minas sin despegar la mirada del suelo para no encontrarse con la de otro, q quisiera saludarle o brindarle compasión, la soledad y la dureza en su carácter eran sus mejores aliados. Tomaba cada viernes el sobre con su pago, pasaba por la tienda del pueblo compraba lo necesario y ahorraba el resto, ahorraba cada centavo, así lo había hecho desde el inicio, con la firme convicción de q al llegar los 25, abandonaría la choza y el polvoriento pueblo para ir a la ciudad. Deseaba ser hombre de mundo, conocer los edificios de los q alguna vez le hablo su padre, conocer, el mundo tenia q ser mas grande q ese diminuto pueblo.
El año transcurrió sin contratiempos, el día por fin llego, Aldo cumplía veinticinco años, el silbato de salida sonó como cada tarde, no así para Aldo, para él era el sonido q marcaba el fin y el inicio, tomo el sobre con su pago y por primera vez levanto la vista al caminar, recorrió las calles con una sonrisa q nadie antes le había visto; al llegar a casa busco bajo la cama el frasco con los ahorros de toda una vida y la caja q guardaba el anacrónico traje de su padre, aseo su cuerpo e intento alinear sus largos cabellos, afeito su barba y vistió con gran emoción el viejo traje, tomo la garrafa con el combustible y sin titubeo alguno prendió fuego a la choza, se alejo a toda prisa sin mirar nunca atrás, era su única carta, no sabía que le depararía la suerte, pero estaba seguro de no volver
martes, 5 de enero de 2010
Primera entrega
I La prisión
Las paredes guardaron silencio, la calma la invadió un instante, observo detenidamente el cuarto y se dio cuenta q ya no giraba, el movimiento se detuvo, abrió la puerta de su estancia para contemplar los colores de la noche, para deleitarse con los olores y sonidos del lugar; a veces con un poco de imaginación, conseguía transformar esa atmósfera nocturna en su hogar, entonces los miedos se disipaban y se sentía a salvo, nada podía lastimarla, era como si por minutos los grilletes con que la habían sujetado le permitieran ir mas allá de la puerta -aunque su cuerpo no se moviera del quicio- corría en libertad montaña abajo.
La fantasía se desvanecía cuando escuchaba el acercarse de los pasos del visitante, el que alguna vez fue su amante y ahora era su carcelario; Sabina cerraba la puerta y se dejaba caer sobre la cama fingiendo estar dormida, como si eso importara, de cualquier forma él la desnudaría para poseerla; muchas lunas atrás ella había desistido a resistirse, de cualquier forma así encadenada como estaba no podía hacer mucho, lo único q conseguía era hacerlo enfadar y que le propiciara tremendas golpizas. El visitante saciaba su enfermo deseo, le proporcionaba algo de comida y se marchaba asegurándole a Sabina que la razón para tenerla encadenada era un infinito amor.
Había perdido la cuenta de los días, quizás meses que tenía en ese lugar, no recordaba cuando fue que las paredes comenzaron a contarle historias, ni como fue que consiguió el cuarto diera vueltas, la esperanza de ser libre ahora tenia un desagradable sabor a imposible. Las cadenas que pendían de sus brazos no le permitían moverse más allá de la puerta o el cuarto de baño.
Pasaba los días enteros tejiendo y destejiendo sus largos cabellos, recapitulando un pasado lejano, cuando estuvo afuera, se aferraba a los recuerdos, pensaba que mientras tuviera memoria seguiría existiendo. Dibujaba en su mente cada detalle de su rostro, los lunares bajo su labio, lo poblado de sus cejas casi pegadas al parpado, la cicatriz en su frente, todo, no quería olvidarse de su imagen, porque si no estaría perdida
domingo, 3 de enero de 2010
El temblor
"Despiértenme cuando pase el temblor…" Soda estereo El temblor
Hugo se levanto paladeando el desagradable sabor del metal que le había dejado el sueño; Mirey aún dormía. La habitación estaba intacta nadie sospecharía del terremoto que unas horas atrás había sacudido a la ciudad. La radio comenzaba a dar las primeras estadísticas de los daños, Hugo se asomo por la ventana y sorbió tranquilamente su café, en realidad no le importaba lo que había tras aquel umbral que lo separaba de la tragedia que el resto de los habitantes vivía, regreso a la cama y busco instintivamente el sexo de Mirey, quería encontrar nuevamente el ensueño extasiante que le provocaba los ojos verdes de ella cuando se desorbitaban ante el placer, ella lo recibió sin mayor interés pero sin poner resistencia, hicieron tibiamente el amor sin emitir sonido alguno, inconscientemente los dos sabían que había llegado el final, no había marcha atrás ya no tenían tiempo de reconstruirse, el terremoto no había tocado su hábitat, pero la historia no les permitiría volver a ponerse en pie como al resto de la ciudad.
Mirey había conocido a Hugo una noche sin más que humo en el bolsillo y nostalgia en la mirada; él trabajaba en un negocio cerca del centro, siempre tomaba el mismo camino a casa, pero un par de noches atrás había tomado la determinación de no pasar dos veces nunca más por el mismo sitio, así que comenzó por alternar las calles que conducían hasta su casa y esa noche, en esa hora incierta, ahí estaba ella, con un abrigo hasta las rodillas y una boina a la francesa que la hacía lucir peculiar, ella se acerco sin más afán que conseguir fuego para su cigarro, él quedo prendado de ese par de ojos verdes que se ocultaban bajo unas gafas amplias. Caminaron un par de calles sin cruzar palabra alguna que resultara útil o inteligente "Me llamo Mirey" "soy empleado de un hotel cercano" " No me gusta el frío" y un bla bla bla bla que no conducía ningún lado, aunque en realidad eso no importaba, sólo habría que llegar al punto donde sus destinos se bifurcaran para cambiar de página y poner ese encuentro donde se ponen las cosas que no tienen mayor importancia y pronto se olvidan; pero eso no sucedió o por lo menos no esa noche, esa noche caminaron muchas calles más.
Hugo se levanto y pregunto a quema ropa -te vas tú o seré yo el que se marche- Mirey bostezo indiferente al tiempo que levantaba los hombros para hacer más evidente su desinterés ante la situación, él comenzó a vestirse decepcionado de la reacción que sus palabras habían logrado, no creía posible que cuatro años de su vida se desmoronaran ante si, sin provocar el menor estruendo, se asomo nuevamente por la ventana y pudo sentir la desolación que reinaba en las calles, la impotencia de la gente que había perdido todo era la misma que él sentía al saber que no quedaba más, que esos ojos verdes que le cautivaban esa mañana se cerraban para siempre, mas habría valido que el terremoto hubiera acabado con él, con su casa y con ella, sobre todo con ella.
Mirey se acomodo nuevamente y volvió a dormir, soñó que era un pez, uno de agua dulce, un pez de agua dulce en un enorme océano salado que no le permitía subsistir, pero aún así nadaba entre los demás peces que no entendían su asfixia. Despertó sobresaltada, Hugo se había marchado, los estantes estaban vacios y ahora justo ahora quería pedirle que no lo hiciera, el océano del sueño broto por sus ojos, siempre había sido así, tarde muy tarde...
Hugo no tenía a donde ir, la ciudad estaba destrozada, se respiraba en todo sitio la desolación de ellos, los otros, los que no entendían que cambiaria de lugar con cualquiera, en ese momento preferiría ser él quien estuviera enterrado entre los escombros. Una mujer se acerco para pedirle una moneda, buscó en su bolso y le entrego un par de billetes arrugados, sentía nauseas, asco ante la podredumbre que pisaba a cada paso, no entendía como la naturaleza, dios o el azar tramposo podía acabar con el mundo entero de una sacudida, lo mismo que sin sacudida alguna su mundo estaba hoy en trizas. Todo era confuso, quería odiarla, desear que realmente fuera ella la que se acercara mendigando ahora no fuego sino piedad, quería tener el poder de pisar su cabeza en un charco de sangre al siguiente paso, pero no podía, la amaba, la necesitaba.
Mirey seguía desnuda, postrada sobre la cama, en silencio, esperando que la puerta se abriera y él estuviera de vuelta, tarde entendía que lo amaba, tarde extendía los brazos para alcanzarle. Se puso en pie, busco su abrigo y su boina, puso los tres cigarros que le restaban en la bolsa izquierda y salió, así descalza, sin más ropa que el viejo abrigo y la boina francesa, camino incesantemente entre las ruinas de la ciudad y llego a la calle donde años atrás un extraño de andar discreto le ofreció fuego y una soledad compartida.
Hugo gurdo sus manos en el pantalón y sintió el encendedor entre sus dedos, vinieron a él inmediatamente los recuerdos del primer encuentro, algunas lagrimas escaparon de sus ojos, ganas incesantes de volver, de atravesar la puerta, de andar por esa calle que lo llevo a su encuentro; apretó el paso y avanzo firme, supuso que aún era tiempo, que la encontraría dormida, y le contaría una historia nueva, que tal vez regresando por las aquellas calles la encontraría nuevamente con su boina y su abrigo, sonrió por un segundo imaginando el cuadro, pero entonces recordó la premisa que lo llevo hasta ella, "nunca más por el mismo sitio", soltó el encendedor viro a la derecha y se perdió entre los damnificados que había dejado el temblor.
sábado, 2 de enero de 2010
Equipaje

La mochila esta lista: llevar sólo lo indispensable. La selección entre artículos necesarios e indispensables es complicada, clasificar en orden de importancia resulta ocioso, cada cosa es importante a su modo y no hay una que supla a otra. Desafortunadamente el momento de escoger lo que podrá acompañarte a tu siguiente vida es ahora, los fantasmas y el miedo de no tener un sitio a donde regresar es mejor dejarlos, siempre es mejor viajar sola que mal acompañada y el miedo es pequeño pero pesado y más vale andar ligera; 6 años de recuerdos… hummm, una nueva clasificación? Llevar los buenos dejar los malos? No, doblarlos todos con mucho cuidado para que no se maltraten, llevarlos todos, nunca se sabe en qué momento una vieja lección pueda servir para una enseñanza nueva. .. En fin estoy lista, sólo lo indispensable: el beso más largo que tus labios han dado y un te amo infinito que resopla en el viento.
viernes, 1 de enero de 2010
Central
Las centrales son esos no lugares que tan habituales se han hecho a mis días, despedidas, baños públicos, bienvenidas ,decepciones, butacas incomodas, esperas interminables, flores, revistas, llantos, pañuelos al viento, autobuses, taxis, sonrisas, boletos, encuentros, café, expectativas, teléfonos de monedas, gente, mil gente. Cuando el autobús arriba, siempre te busco con la mirada tras los cristales, es obvio que no estarás, pero me gusta sentir esos cinco segundos de estremecimiento que me permite la imaginación al pensarte. A veces creo que en realidad estas en un no lugar esperando por mí, sólo que difícilmente será mi autobús el que llegue a ese sitio.
2010
El corazón esta vuelto loco entre el querer y no saber cómo o qué.
Vertiginosa esta noche en caída, en algún momento tocaré fondo y entonces estaré a salvo.
Más textos de sexo, muerte y café
20:09Dejas caer el cerillo sobre el cenicero y te concentras en quemar el rastro del mal sueño con la primera bocanada, aspiras y sientes esos majestuosos cinco segundos de nicotina recorriendo tu cuerpo, cierras los ojos y sientes como la satisfacción deja de lado la ansiedad con q dormías. Miras la hora, es de madrugada, todos aún duermen, buscas en la cocina un vaso de leche tibia, el refrigerador está vacío y lo único q atinas a llevar a tu boca es un sorbo del café de ayer, lo bebes mecánicamente, no importa q este frío y q no tenga azúcar, te tiene sin cuidado q esto altere aún más las horas del sueño, de cualquier forma ya soñar no ha resultado placentero, en la vigilia te sabes a salvo.
Deambulas aletargado, enciendes otro cigarro y te posas junto a la ventana, con la mirada fija en la avenida, escuchas el ruido de los autos q vienen y van, entonces la ves -o la inventas-, escuchas el acercarse de sus tacones hasta estar frente a tu puerta, sin dudarlo abres y extiendes los brazos, le haces saber cuánto la esperabas, le cuentas sobre tu mal sueño y la tranquilidad q te provoca tenerla en casa, ella se quita el abrigo, te ofrece su cuerpo y te pregunta si ya es tiempo, tomas lo q te da, respondes afirmativamente mientras te hundes entre sus piernas, ella sonríe y no precisamente por el placer q le provocas, acerca el arma a tu rostro, pregunta si lo harás tú o tendrá ella q mancharse las manos, a un paso del orgasmo imploras a gritos, por q lo haga ahora…sientes las contracciones de su sexo y eyaculas en medio de la frustración de saberte vivo y el placer q siente el cuerpo. Ella se pone de pie, toma su ropa, pinta sus labios, y se aleja diciendo q aún no estás listo. Intentas detenerla y pedirle q termine por matarte, q te arranque de un solo tiro la existencia, es inútil ella ha desaparecido. Giras la cabeza y el frío metal del revólver en tu almohada te hace despertar, abres los ojos y sientes miedo… no lo hizo la dama de tus sueños… y tú sigues sin el valor necesario para hacerlo.
INCONEXIONES
14:11Te desvaneces en un aislamiento voluntario, a veces deprimente pero productivo. Poco a poco tu imagen se ha vuelto borrosa, ellos ya no saben si existes o te inventaron…
II
Muchas noches las has pasado en silencio contemplando en tu exasperante insomnio las luces de la ciudad. Siempre te han parecido más excitantes los miles de focos, faros y lámparas que los millones de estrellas que tachonean el firmamento, después de todo, las luces de la ciudad siempre son otras y las del cielo nunca dejan de ser las mismas.
Gajes del oficio
19:13Poco a poco me he acostumbrado a los fríos, impersonales y debo decirlo muy cómodos cuartos de hotel, con sus sabanas blancas y sus esponjosas almohadas, su agua caliente al minuto y sus impolutas tinas, esas ventanas enormes que muestran un mundo igual de frívolo y ajeno que todo lo que hay en la habitación. Como parte de mi trabajo de vago asalariado, he conocido cientos de esos cuartos, en realidad son pocas las diferencias entre unos y otros. No me quejo, la verdad es q no es tan malo, nunca hay q limpiar ni siquiera tender la cama, si algo no me agrada o necesito algo, basta marcar a la recepción donde una mujer me odia pero está obligada a ser amable y lo resuelve . Todo parece bien hasta ahí turismo laboral y hospedaje cinco estrellas.
El problema es cuando me toca compartir, he visto desfilar cada fenómeno como compañera de cuarto, desde las que roncan como locomotora hasta las que me despiertan a las seis de la mañana al ritmo de Can Can, porque es hora de salir a correr, las que tardan más de 30 minutos en la ducha o peor aún las que ven telenovelas y quieren platicar incansablemente sobre su vida como si a mi realmente me importara .
Esta semana la ciudad de Taxco me albergaba plácidamente, mi compañera de cuarto una joven mujer de trato amable pero no empalagoso, amante de las telenovelas pero no conversadora, madrugadora pero discreta, demasiado bueno para ser verdad, pensé, pero me permití gozarlo tranquilamente, pude tener mis lecturas nocturnas en el balcón de la habitación, dormir tranquilamente y limitarme a decir buenos días y buenas noches.
Desafortunadamente el amor, el whisky o la calentura, no soy quien para juzgarlo, transforman a las incipientes almas de los grises mortales en incivilizadas bestias victimas de sus impulsos. Dormía yo tranquilamente cuando unas risitas ebrias y desconsideradas arribaron al balcón. Mi compañera de cuarto había regresado del bar con un acompañante y tenían en el balcón un preludio amoroso, con frases tan trilladas como desagradables respecto a lo excitados que se encontraban ante su "maravillosa" aventura. Hasta ese momento me limité a darle vuelta a mi almohada y pretender que nada pasaba, lo complicado fue cuando escuché las frases de convencimiento para que lo invitara a pasar y poder concluir lo que tanto se complicaba en el limitado espacio ahí afuera. Escuché como se abría la puerta y como chocando contra todo entraron, en el fondo esperaba que preparan café y se despidieran, pero eso no paso, el concierto de frases sucias y gemidos continuo por largo tiempo. Momento más bochornoso no he vivido ¿qué haces cuando una compañera de cuarto asignada y desconocida tiene una noche de sexo y pasión, mientras se supone tu duermes en la cama de al lado?
Tomé valor y decididamente me levanté, mostrando descontento al azotar la puerta , salí a la salita de estar que está afuera, esperando mi mensaje fuera claro y preciso, lo que había hecho ella era inadecuado y descortés, quería a ese tipo fuera de la habitación, que se fueran a continuar con eso en otro lado. Los minutos pasaron, las horas no se detuvieron y la mañana llegó, recargada sobre mi brazo izquierdo desperté, adolorida por dormir sentada pasé la noche en un maldito sillón, el tipo salía de la habitación y ella a medio vestir, me recibía con una estúpida sonrisa diciendo "gracias que buena onda eres, yo no me habría ido así…"
Aún podía reportarla y estaba dispuesta a hacerlo , eso seguramente la dejaría sin empleo y aprendería muy bien la lección, pero cometí el gravísimo error de comunicarle mis intenciones, entonces la mujer no conversadora de toda la semana hablo por más de una hora sobre su trágica infancia y su horrible adolescencia, me conto la larga historia sobre su matrimonio fallido y su desigual divorcio, me enseñó las fotos de los tres hijos que esperaban en casa para ser alimentados por ella, el único sostén de la familia, me resistí para no llorar, pero cuando hablo de lo duro que es pagar un alquiler y vérselas sola en el mundo, no pude más.
Lo sé, muy seguramente me vieron la cara de pendeja con la historia...gajes del oficio?
Adoles-ciendo
14:17Pero es así, conforme crecemos la capacidad de asombro se agota, el dolor es lo único que reconocemos como real y tristemente se nos beta el acceso a la felicidad de ese instante mágico en que dos seres se encuentran uno a la par de otro sin más fin que saber que se tienen, sin reclamos, sin mentiras, sin pasados trágicos.
Caramelos
9:50Amanda se levanta a buscar la bolsa de dulces, toma uno, se lo echa a la boca, y se recuesta sobre la alfombra guinda q cubre el piso del hostal, su mirada se pierde en las estrellas proyectadas en las paredes por la pantalla de la lámpara q gira, cierra los ojos para imaginar q esta ciega, pero aún así las estrellas siguen dando vueltas en torno a ella, piensa q tal vez, ella misma ahora este girando y q cuando abra los ojos, será porque todo habrá parado, y no tendrá q ocultarse más. El caramelo termina por desaparecer en su boca, y el sabor a uva, poco a poco comienza dejar paso a lo amargo de su salivar cuando algo la aflige; abre los ojos, se pone en pie, recorre con la vista la habitación hasta llegar a las ventanas, se concentra en las luces azules de los carros q pasan a lo lejos en la carretera, piensa en q quizás mañana alguien vea las luces de su auto por esa misma ventana, quizás mañana otro prófugo de sí, se recueste en la polvorienta alfombra para sentir que es estrella.
La luz de la mañana se cuela entre las cortinas, alguien toca a la puerta, para recordarle a Amanda q el cuarto vence a la una; observa el reloj, las 11:30, apenas hay tiempo para bañarse y buscar otro punto en el mapa. Toma su mochila y las llaves, se asegura de no olvidar nada y sale del cuarto dejando un par de caramelos sobre el buró. Sube al auto, enciende un porro y sintoniza la radio difusora local, prende el vehículo y comienza un nuevo día de travesía hacia ningún sitio, Amanda se concentra en las líneas amarillas de la carretera, son como estar en un videojuego, su auto es pacman y las líneas son puntos luminosos q hay q devorar antes de q la alcancen los fantasmas del pasado. La tarde rebasa a la mañana y las primeras estrellas en el cielo anuncian la noche, Amanda conduce sin problemas hasta el pueblo más cercano para buscar algo de comida, un sitio donde pasar la noche y un teléfono de monedas, estaciona el carro en las orillas de la plaza y comienza a caminar por las pintorescas calles del poblado, la única posada en el pueblo es atendida por un anciano desconfiado q le niega la entrada a causa de su mala facha.
Amanda sube a su auto y se dispone a abandonar el lugar, no acostumbra conducir de noche pero esta vez pareciera no tiene opción. Gira la llave, la marcha no da para más, vuelve girar, pero el carro no enciende, Amanda comienza a resignarse a pasar la noche dentro del auto para mañana con calma revisar q le sucede, prende un cigarrillo, busca en su mochila los dulces y decide caminar, mientras la noche pasa. Camina cavilando, en su huída, pensando en lo q se queda, revisando lo q esta, da vueltas por las mismas calles, escuchando como las casas se quejan y cuentan historias similares. Vuelve la cabeza y se percata de que alguien recoge sus pasos, por un momento la invade el miedo y aprieta el paso, después cae en cuenta q correr no tiene sentido, puesto q en realidad no tiene a donde ir para ocultarse, así q se detiene y espera bajo un farol a que el extraño se acerque, es un hombre de frágil complexión, y cabellos largos q al estar frente a ella le extiende la mano.
-Arón, compañero de viaje
-de viaje? Q viaje?
-tu viaje.
Amanda lo observa desconfiada, y para ocultar su nerviosismo asiente a extender la mano mientras con la otra busca en la bolsa de su chamarra otro caramelo, es el último, quita la envoltura torpemente y se lo lleva a la boca, sin despegar la mirada del desconocido.
-Es q no compartes tus dulces?- dice Arón con tono de ironía.
-lo siento es el último, pero dime porque me seguías?- Responde Amanda siendo firme en sus palabras.
- no te preocupes por los dulces tengo los q olvidaste sobre el buró.
-no los olvide… como sabes tu de eso?
-… yo puedo saber demasiado, quizás nada… pero no tengas miedo, no se nada q tu no quieras q sepa, ven caminemos, la noche es muy fría y no quiero q te congeles.
Arón toma la mano de Amanda, q pese a su asombro no pone resistencia, caminan por largo rato sin soltarse, Amanda desconcertada, no para de cuestionar a Arón, quién es? Porqué esta aquí? Duda incluso de q él sea real. Él por su parte, sonríe plácidamente y se limita a hablar de la luna, del viento q rompe en sus caras, y de lo mágico de la noche.
Llegan hasta la posada, donde horas antes el anciano negó la entrada a Amanda, Arón solicita una habitación y el anciano sin poner mayor resistencia le da las llaves. Suben escaleras, y llegan al cuarto asignado, Amanda se recuesta en la orilla de la cama y se da cuenta de cuál vulnerable se encuentra, Arón le roza la cara, con tal delicadeza q pareciera teme hacerle daño, besa su oído y siente como ella se estremece y voltea para encontrar sus labios, los besos tiernos q dieron inicio a la batalla, se transforman en instantes en armas mortales, q no permiten a sus cuerpos negarse a morir uno en manos del otro, la cadencia y el ritmo en sus caderas, los lleva a danzar plácidamente, a cerrar los ojos y a saberse estrellas, a viajar por galaxias infinitas y reventar entre ellas para después morir, y caer nuevamente al abismo en la tierra.
Amanda enciende un cigarrillo, mientras observa el cuerpo desnudo de Arón y dice con voz ansiosa – Aún tienes dulces?
-Sí. Limón o uva?
-Dices saberlo todo, debes saber cuál prefiero.
-no, no puedo saberlo todo, pero se q te gustan los de uva.
-y q más sabes?
-se q huyes de ti.
-eso es imposible, no puedo escapar de mi.
-lo sabes, lo sé, pero eso no es suficiente.
Arón acerca el caramelo sin envoltura a los labios de Amanda y sonríe complacido al ver como su gesto cambia cuando aquel dulce morado toca su lengua, Amanda paladea el dulce a la par de la duda de quién pueda ser este hombre.
-Porqué me seguías?
-No, no te seguía, te encontré.
-Me buscabas?
-A veces uno encuentra sin buscar.
-o a veces busca sin encontrar.
Amanda se levanta y se aproxima a la ventana, cierra los ojos y como es costumbre finge ser ciega, sabe q Arón la observa, con la yema de sus dedos palpa lo suave de su piel desnuda, y abriendo los ojos de a poco pregunta
-Tu te quedarías a mi lado?
- q necesitas?
- Por ahora dulces.
-Solo queda uno y es de piña.
-Tu te quedarías a mi lado?
-q necesitas?
-Dulces he dicho.
-Ammm entonces no me necesitas.
El cuarto queda en silencio, Arón se acerca a Amanda, besa sus hombros y baja por su espalda, ella suelta una pequeña risita por las cosquillas q provocan las barbas de Arón, él besa cada centímetro de piel, ella solo da rienda suelta al placer y se permite sentir, los dos fingen ser ciegos, y juegan a estar locos, sacian sus instintos en copulas interminables, q nublan la razón. Todo parece tan simple, tan primitivo, solo son ellos jugando a ser.
Los cuerpos caen rendidos, pero ellos se resisten a dormir, temen q al despertar, sigan viajando, sigan huyendo, pero sin saber q se siguen q uno es parte del otro. Arón destapa el último dulce y lo come a mordidas, mientras pregunta
-tu te quedarías conmigo?
-no me gustan las cicatrices.
-la vida nos marca.
-no me gusta la vida.
-Tu te quedarías conmigo.
-solo si tuvieras dulces.
El silencio los inunda y por fin poco a poco quedaron dormidos.
El sol de la mañana despierta a Amanda, quien se descubre sola, busca su ropa, toma sus llaves, y los dos dulces q Arón ha dejado para ella en el buró. Busca su auto y se dispone a conducir otros cuantos kilómetros hasta q ella misma se alcance.
Esperar
20:48Sobresalto
0:12La hoja en blanco
Despedidas
0:15El viento hace parecer que la noche está furiosa, se habrá enojado conmigo por dejarme caer nuevamente, me duele, me duele en las rodillas, en los huesos, en el alma. Sé que no vas a escribir, sé que el dolor te aparta cada vez más de mi… Si sólo pudieras sentir la fragilidad de este corazón ingenuo, si pudieras sentir el peso de los días en que te he esperado… pero estas lejos, ahí del otro lado del espejo, donde nada parece tener sentido, donde no puedo alcanzarte. En sueños y en vigilia, de día de noche y a cada hora, no puedo hacer más que sentir que te alejas, que te ensimismas un poco a cada instante hasta dejarme fuera, hasta no ser más en mi.
Revuelvo cada una de las frases de la despedida, buscando la adecuada para no seguir cayendo, la precisa, algo, eso que tus labios dijeron antes de iniciar la partida, pero todas una a una se vuelven arena en los oídos, me he quedado sorda al pretender reconstruirlas.
Ella es de chocolate
20:07sO Aún recuerdo cuando en aquella lejana infancia los chicos de la calle jugaban encantados, quemados, las traes, futbol, o cualquier cosa que implicara alguna acción física, me asomaba a la ventana con la esperanza de que me invitaran a jugar, esperanza ilusa, casi nunca sucedía, a menos que la mamá de alguno de los que jugaba se acercara a mí y me preguntara:
-¿Porqué no juegas con ellos?
-Porque no me juntan
- Jueguen con ella.-ordenaba
Después venía el eterno pleito porque nadie me quería en su equipo, cuando por fin alguien perdía el volado y se tenía que quedar conmigo. Entraba al campo de juegos pensando que haría mi mayor esfuerzo, pero inmediatamente les escuchaba decir, ella es de chocolate, las primeras veces aún intentaba correr tras el balón o esquivar a quien las traía, pero pronto me daba cuenta que no participaba en el juego, que era yo la de chocolate, dejaba de correr, alguno me empujaba y mejor regresaba a mi ventana a mirar hasta q terminaba el juego.
Poco a poco entendí que las actividades físicas no eran precisamente mi fuerte, no podía culparlos por no quererme en su equipo, era peor que mala. Conforme crecí fui descubriendo cosas para las que soy buena, otras que disfruto aunque me cuesten trabajo y muchas más en las que soy más mala que en los juegos físicos.
El amor es una de esas cosas donde soy la peor jugadora, me di cuenta que soy una enamorada de chocolate, que corre hacia todos lados tratando de involucrarse en el juego, pero sucede que no soy parte, él dice: es de chocolate, yo si entiendo el juego. Quizás sea buena idea dejar la ventana, qué más da quién gane el juego, sé que no seré yo.
Estremecimientos
23:52"Todavía se estremecen mis manos al mirarte" Se leía en una de las paredes del baño público, donde después de algunos kilómetros recorridos tuve que parar para orinar, me quedé observando por un minuto la frase, contrastante con la pestilencia del lugar. Sentí un poco de pena ante el contraste: una frase hermosa en el más vulgar de los sitios. Sentí un poco de envidia, nadie nunca escribió, dijo o pensó algo así para mí… Salí del lugar y continué mi camino sin poder alejar de mi cabeza tu imagen y esas palabras…
¿Te estremecería tan sólo un poco el mirarme?
Ideas que viajan
9:38Las ideas llegan a mi cabeza, onduladas, dispersas, confusas, pareciera que vienen viajando ya desde hace mucho tiempo, dibujando espirales en el aire que las toca y haciendo mella en quien azarosamente las piensa. Anoche justo antes de lograr conciliar el sueño, como todos los días pensaba en ti, imaginaba tu respiración acompasada mientras yacías tendido sobre tu cama, por lo que sé últimamente tus noches no son muy placidas, pero preferí pensarte así: tranquilo, con un esbozo de sonrisa en tus labios, imaginándome a mí que te imagino y encuentro la calma en esa visión de ti justo antes del sueño. Me aferro a esa idea, le pongo nombre, la cuido celosamente y no permito nadie asome a mis pensamientos evitando pueda pervertirla. Al principio las noches eran la parte más complicada, me dolía el lado izquierdo de la cama, ahora me duelen las calles, los ojos, las manos, los días, las vidas, el sol; pero las noches no… y no es porque mi cama haya aprendido a dormir sin ti, no es porque ya no sienta el dolor agudo de mis rodillas al buscar tus costillas para acomodarse, no, no es eso. Es que ahora puedo atrapar un par de tus ideas que vienen viajando desde las fronteras de nuestro sur, hasta el norte de mi cama, se enredan en mis cabellos, juegan con mis estrellas y en esos momentos te siento cerca…
Morí
16:09Hacer trámites burocráticos es una tortura. Estoy segura que en el infierno hay filas y filas interminables y cuando las almas en pena logran llegar al escritorio hay un burócrata maldito, que les dice, "se equivocó de fila, esta es para los que murieron de gripe avial no porcina, va a tener que formarse otra vez allá en la ventanilla 8 " donde obviamente hay una fila doblemente larga y cuando después de una eternidad llegan al inicio de esa fila, hay otro hombre que habla por teléfono y come al tiempo que atiende y le dice, "uuy no, le falta una fotocopia del acta de defunción, donde se especifique la hora con milesimas de segundo exactas de su fallecimiento, vaya a la planta baja a q se la den y luego regresa..." y así infinitamente… un momento, eso ha sido de mi vida la última semana, de fila en fila, de ventanilla en ventanilla… ¿Es qué acaso morí y he ido al infierno?
No, sólo es México y sus perfectamente ineptos y malhumorados servidores públicos. Carajo!!!
Para leer de un tirón
17:42que nos llama de lejos, al último segundo de forcejeo para regresar, para aferrarnos y seguir viviendo, despertar.
La mujer imaginaria
16:12"Para siempre fue mucho tiempo", escuchaba en una de esas viejas películas que me gusta ver y volver a ver, es ocioso dice mi madre, cuando ve que es la tercera vez q pongo una cinta en un mismo día, pero yo sólo muevo la mano en un ademán grosero, indicando que no me molesten y hago un shhhh determinante para q nadie más se atreva a cuestionar mis ganas de verla. Regreso a lo que me ocupa, olvidarme de mi mundo para entrar en el de Toto, el de Anni, el de Tristan o el de Forrest. Sigo cuadro a cuadro sus historias, permitiéndome sentir la emoción de quien las vive y de quien las cuenta, conozco los finales de memoria, pero aún me sorprende y me hace sentir el corazón pequeño el desenlace de cada una de ellas.
Cuando era pequeña, me daba miedo el cine, pensaba que ahí dentro una mente siniestra había aprisionado a esas personas y las obligaba a vivir las situaciones para que yo las viera, al mismo tiempo, cuando salía de la sala lo hacía estirando las manos, para toparme con esa manta blanca detrás de la que muy seguramente estaba y otros me miraban (esa idea no se ha ido del todo).
"para siempre fue mucho tiempo" me golpea, cada vez que la escucho y miro los pañuelos agitándose al viento, pocas cosas me hacen vivir de esa manera siendo la mujer imaginaria que se marcha.
El tren de las seis
17:26Vacaciones mentales
0:04Onírico
15:18Observas atenta cada una de las frases en las construcciones, algunas las reconoces tuyas, otras recuerdas haberlas leído en algún sitio, pero todas parecen haber sido escritas pensando en que justo hoy estarías aquí, mirando asombrada cada uno de esos edificios. Aún no sabes cómo es que llegaste hasta aquí, qué o quién te condujo a este mirador, el viento revienta en tu cara y juega con tus cabellos, se siente bien, es cómo cuando niña, tu padre te llevaba a volar papalotes durante el otoño. Te propones no pensar, solo sentir, observar con cuidado todos los muros que ante el ocaso toman matices ocres, dando dramatismo a cada una de las palabras que decoran atípicamente la ciudad que ante tus pies se tiende.
Su presencia se hace evidente de pronto, sientes como sus manos delgadas y frías se posan en tus hombros y te hace girar para que encuentres su rostro y entonces preguntarte si te ha gustado, no atinas a contestar solo mueves la cabeza afirmativamente para esconderla en su pecho, sientes sus huesos y aspiras ese olor que tanto disfrutabas, te giras nuevamente, no quieres q te vea llorar, él te abraza por la espalda y te dice que cada frase en la ciudad ha sido puesta ahí, pensando en ti. Es un estado de embriagues exquisito el que te inunda, recorres palmo a palmo el panorama, tratando de grabar todo lo lees en tu memoria.
Por un segundo nada importa, pero al siguiente algo se rompe y lo ves venir con paso decidió, descargando el peso de su ira sobre los escalones que uno a uno, cada vez son menos para llegar hasta donde ustedes contemplan. Seguramente tiene días buscándote y eso lo mantiene furioso, no quieres que te encuentre, asi que renuncias al reconfortante del regalo más maravilloso que has recibido y corres, de la mano de quien te abrazaba, se ocultan en una cueva, te sueltas de su mano y te abrazas a ti, tratando de hacer q el miedo se vaya, levantas la vista y te das cuenta que tu perseguidor es exactamente la misma persona que te consuela y te dice q todo estará bien, esto tiene que ser un sueño, no puede más que ser un sueño… despiertas de golpe, con la necesidad de anotar las pocas frases inscritas en la ciudad q tu memoria guarda.
Entre líneas
15:47Ahora que me he mudado al país de los sueños (y lo digo porque en verdad como he soñado), la verdad es que no he tenido mucho que hacer, eso de perseguir profesores con la intención de ser productiva no me ocupa mucho tiempo, porque son hábiles para evadirme, la biblioteca central ha sido mi refugio, tenía mucho tiempo que no concentraba mi atención en la literatura. Procesar tantas ideas cuesta trabajo, sobre todo cuando se está fuera de forma por eso cuando algo me ha consternado en demasía, camino por los pasillos de la biblioteca escuchando como las baldosas flojas suenan bajo mi pies, curioseo un poco por si algo llama mi atención particularmente en los estantes y trato de procesar la idea en cuestión. Así pues, en esas estaba hoy por la mañana, tratando de encontrar algún criterio de verdad para afirmar que las mujeres somos como la prosa, nunca como la poesía, o algún argumento contundente para desechar tal afirmación. Sin darme cuenta el pasillo en el que me encontraba era precisamente donde se alineaban un sinfín de libros de poesía, pase mi vista por la primera fila, la segunda, la tercera y vi uno de mis libros favoritos de Aridijis, pensé que ahí encontraría la respuesta, la prosa de ese señor cargada de un erotismo sutil pero no por eso menos intenso me tendría que dar la respuesta, estaba a punto de sacarlo de su sitio, pero justo tras ese ejemplar se encontraba "Perséfone", ese nombre me gusta pensé, lo tome y al abrirlo me encontré con una carta, que a continuación cito:
" Hola, mi nombre es Soraya, hoy es 8 de Marzo del 2000, me duele comunicarte, que si estás leyendo esto es porque no se acabo el mundo como muchos ansiosamente esperábamos. Sabes, las casualidades no existen, alguna vez escuche que los libros saltan a tus manos en el momento justo que deben ser leídos, quizás este fuere el momento justo para que me encontraras, yo, lo mismo que las casualidades, no existo, partí precisamente en la fecha señalada por esta misiva en busca de galaxias menos complicadas pero más mortales. Paradójicamente la razón por la que ahora te busco y brinco ante tus ojos para robarte un segundo de desconcierto, es una necesidad inmanente de inmortalidad. En un principio había pensado en dejar una foto y no una carta, pero es que los rostros desconocidos son tan impersonales, siempre sonriendo sin sonrisa, me parecen frívolos, vulgares. Las letras por el contrario, son como fragmentos del alma, así aunque nunca nos vimos, ahora pensaras más en mi que nadie que haya visto mi rostro.
Entre música y polvo desciendo, me desvanezco, esperando pase mucho tiempo después de mi desaparición para hablar contigo, no espero que lo entiendas, solo que no abandones la lectura y me sigas, que me dibujes un corazón alado, que me des vida unos minutos y me permitas conservarla un poco más."
Curioso caso el de Soraya, que busca prevalecer en ojos extraños, supongo que entre blog y blog, habitaremos unos cuantos más con ese síndrome.
Reglas
20:33
Dicen que es característica humana la capacidad de adaptación, también se dice que en un medio hostil sólo los más fuertes sobreviven, supongo que hay excepciones como a toda regla y la experiencia me ha enseñado que son más las excepciones que los que cumplen la regla, será esto suficiente para invertir la regla? Y entonces poder decir: "no todos los seres humanos son adaptables " " En un ambiente hostil, no siempre los más fuertes son los que sobreviven"
Segunda entrega
16:50II. Para no volver
Después de una pesada jornada en la mina, Aldo se desprendía de la ropa de trabajo y se retiraba sin despedirse de nadie, nunca fue un muchacho sociable, vivía solo a las orillas del pueblo, en las faldas de la montaña, a no ser porque toda su vida la había dedicado al trabajo en la mina, nadie se percataría de su existencia; su madre murió en brazos de una comadrona al darle a luz, su padre de cirrosis algunos años más tarde, Aldo con solo ocho años y sin más posesión que la vieja choza, abandono los juegos infantiles para emplearse en la mina picando piedra. Habían pasado ya dieciséis años, desde que él consagrara su vida a esa monótona rutina, el mismo ir y venir hasta las minas sin despegar la mirada del suelo para no encontrarse con la de otro, q quisiera saludarle o brindarle compasión, la soledad y la dureza en su carácter eran sus mejores aliados. Tomaba cada viernes el sobre con su pago, pasaba por la tienda del pueblo compraba lo necesario y ahorraba el resto, ahorraba cada centavo, así lo había hecho desde el inicio, con la firme convicción de q al llegar los 25, abandonaría la choza y el polvoriento pueblo para ir a la ciudad. Deseaba ser hombre de mundo, conocer los edificios de los q alguna vez le hablo su padre, conocer, el mundo tenia q ser mas grande q ese diminuto pueblo.
El año transcurrió sin contratiempos, el día por fin llego, Aldo cumplía veinticinco años, el silbato de salida sonó como cada tarde, no así para Aldo, para él era el sonido q marcaba el fin y el inicio, tomo el sobre con su pago y por primera vez levanto la vista al caminar, recorrió las calles con una sonrisa q nadie antes le había visto; al llegar a casa busco bajo la cama el frasco con los ahorros de toda una vida y la caja q guardaba el anacrónico traje de su padre, aseo su cuerpo e intento alinear sus largos cabellos, afeito su barba y vistió con gran emoción el viejo traje, tomo la garrafa con el combustible y sin titubeo alguno prendió fuego a la choza, se alejo a toda prisa sin mirar nunca atrás, era su única carta, no sabía que le depararía la suerte, pero estaba seguro de no volver
Primera entrega
11:13I La prisión
Las paredes guardaron silencio, la calma la invadió un instante, observo detenidamente el cuarto y se dio cuenta q ya no giraba, el movimiento se detuvo, abrió la puerta de su estancia para contemplar los colores de la noche, para deleitarse con los olores y sonidos del lugar; a veces con un poco de imaginación, conseguía transformar esa atmósfera nocturna en su hogar, entonces los miedos se disipaban y se sentía a salvo, nada podía lastimarla, era como si por minutos los grilletes con que la habían sujetado le permitieran ir mas allá de la puerta -aunque su cuerpo no se moviera del quicio- corría en libertad montaña abajo.
La fantasía se desvanecía cuando escuchaba el acercarse de los pasos del visitante, el que alguna vez fue su amante y ahora era su carcelario; Sabina cerraba la puerta y se dejaba caer sobre la cama fingiendo estar dormida, como si eso importara, de cualquier forma él la desnudaría para poseerla; muchas lunas atrás ella había desistido a resistirse, de cualquier forma así encadenada como estaba no podía hacer mucho, lo único q conseguía era hacerlo enfadar y que le propiciara tremendas golpizas. El visitante saciaba su enfermo deseo, le proporcionaba algo de comida y se marchaba asegurándole a Sabina que la razón para tenerla encadenada era un infinito amor.
Había perdido la cuenta de los días, quizás meses que tenía en ese lugar, no recordaba cuando fue que las paredes comenzaron a contarle historias, ni como fue que consiguió el cuarto diera vueltas, la esperanza de ser libre ahora tenia un desagradable sabor a imposible. Las cadenas que pendían de sus brazos no le permitían moverse más allá de la puerta o el cuarto de baño.
Pasaba los días enteros tejiendo y destejiendo sus largos cabellos, recapitulando un pasado lejano, cuando estuvo afuera, se aferraba a los recuerdos, pensaba que mientras tuviera memoria seguiría existiendo. Dibujaba en su mente cada detalle de su rostro, los lunares bajo su labio, lo poblado de sus cejas casi pegadas al parpado, la cicatriz en su frente, todo, no quería olvidarse de su imagen, porque si no estaría perdida
El temblor
20:23"Despiértenme cuando pase el temblor…" Soda estereo El temblor
Hugo se levanto paladeando el desagradable sabor del metal que le había dejado el sueño; Mirey aún dormía. La habitación estaba intacta nadie sospecharía del terremoto que unas horas atrás había sacudido a la ciudad. La radio comenzaba a dar las primeras estadísticas de los daños, Hugo se asomo por la ventana y sorbió tranquilamente su café, en realidad no le importaba lo que había tras aquel umbral que lo separaba de la tragedia que el resto de los habitantes vivía, regreso a la cama y busco instintivamente el sexo de Mirey, quería encontrar nuevamente el ensueño extasiante que le provocaba los ojos verdes de ella cuando se desorbitaban ante el placer, ella lo recibió sin mayor interés pero sin poner resistencia, hicieron tibiamente el amor sin emitir sonido alguno, inconscientemente los dos sabían que había llegado el final, no había marcha atrás ya no tenían tiempo de reconstruirse, el terremoto no había tocado su hábitat, pero la historia no les permitiría volver a ponerse en pie como al resto de la ciudad.
Mirey había conocido a Hugo una noche sin más que humo en el bolsillo y nostalgia en la mirada; él trabajaba en un negocio cerca del centro, siempre tomaba el mismo camino a casa, pero un par de noches atrás había tomado la determinación de no pasar dos veces nunca más por el mismo sitio, así que comenzó por alternar las calles que conducían hasta su casa y esa noche, en esa hora incierta, ahí estaba ella, con un abrigo hasta las rodillas y una boina a la francesa que la hacía lucir peculiar, ella se acerco sin más afán que conseguir fuego para su cigarro, él quedo prendado de ese par de ojos verdes que se ocultaban bajo unas gafas amplias. Caminaron un par de calles sin cruzar palabra alguna que resultara útil o inteligente "Me llamo Mirey" "soy empleado de un hotel cercano" " No me gusta el frío" y un bla bla bla bla que no conducía ningún lado, aunque en realidad eso no importaba, sólo habría que llegar al punto donde sus destinos se bifurcaran para cambiar de página y poner ese encuentro donde se ponen las cosas que no tienen mayor importancia y pronto se olvidan; pero eso no sucedió o por lo menos no esa noche, esa noche caminaron muchas calles más.
Hugo se levanto y pregunto a quema ropa -te vas tú o seré yo el que se marche- Mirey bostezo indiferente al tiempo que levantaba los hombros para hacer más evidente su desinterés ante la situación, él comenzó a vestirse decepcionado de la reacción que sus palabras habían logrado, no creía posible que cuatro años de su vida se desmoronaran ante si, sin provocar el menor estruendo, se asomo nuevamente por la ventana y pudo sentir la desolación que reinaba en las calles, la impotencia de la gente que había perdido todo era la misma que él sentía al saber que no quedaba más, que esos ojos verdes que le cautivaban esa mañana se cerraban para siempre, mas habría valido que el terremoto hubiera acabado con él, con su casa y con ella, sobre todo con ella.
Mirey se acomodo nuevamente y volvió a dormir, soñó que era un pez, uno de agua dulce, un pez de agua dulce en un enorme océano salado que no le permitía subsistir, pero aún así nadaba entre los demás peces que no entendían su asfixia. Despertó sobresaltada, Hugo se había marchado, los estantes estaban vacios y ahora justo ahora quería pedirle que no lo hiciera, el océano del sueño broto por sus ojos, siempre había sido así, tarde muy tarde...
Hugo no tenía a donde ir, la ciudad estaba destrozada, se respiraba en todo sitio la desolación de ellos, los otros, los que no entendían que cambiaria de lugar con cualquiera, en ese momento preferiría ser él quien estuviera enterrado entre los escombros. Una mujer se acerco para pedirle una moneda, buscó en su bolso y le entrego un par de billetes arrugados, sentía nauseas, asco ante la podredumbre que pisaba a cada paso, no entendía como la naturaleza, dios o el azar tramposo podía acabar con el mundo entero de una sacudida, lo mismo que sin sacudida alguna su mundo estaba hoy en trizas. Todo era confuso, quería odiarla, desear que realmente fuera ella la que se acercara mendigando ahora no fuego sino piedad, quería tener el poder de pisar su cabeza en un charco de sangre al siguiente paso, pero no podía, la amaba, la necesitaba.
Mirey seguía desnuda, postrada sobre la cama, en silencio, esperando que la puerta se abriera y él estuviera de vuelta, tarde entendía que lo amaba, tarde extendía los brazos para alcanzarle. Se puso en pie, busco su abrigo y su boina, puso los tres cigarros que le restaban en la bolsa izquierda y salió, así descalza, sin más ropa que el viejo abrigo y la boina francesa, camino incesantemente entre las ruinas de la ciudad y llego a la calle donde años atrás un extraño de andar discreto le ofreció fuego y una soledad compartida.
Hugo gurdo sus manos en el pantalón y sintió el encendedor entre sus dedos, vinieron a él inmediatamente los recuerdos del primer encuentro, algunas lagrimas escaparon de sus ojos, ganas incesantes de volver, de atravesar la puerta, de andar por esa calle que lo llevo a su encuentro; apretó el paso y avanzo firme, supuso que aún era tiempo, que la encontraría dormida, y le contaría una historia nueva, que tal vez regresando por las aquellas calles la encontraría nuevamente con su boina y su abrigo, sonrió por un segundo imaginando el cuadro, pero entonces recordó la premisa que lo llevo hasta ella, "nunca más por el mismo sitio", soltó el encendedor viro a la derecha y se perdió entre los damnificados que había dejado el temblor.
Equipaje
19:25
La mochila esta lista: llevar sólo lo indispensable. La selección entre artículos necesarios e indispensables es complicada, clasificar en orden de importancia resulta ocioso, cada cosa es importante a su modo y no hay una que supla a otra. Desafortunadamente el momento de escoger lo que podrá acompañarte a tu siguiente vida es ahora, los fantasmas y el miedo de no tener un sitio a donde regresar es mejor dejarlos, siempre es mejor viajar sola que mal acompañada y el miedo es pequeño pero pesado y más vale andar ligera; 6 años de recuerdos… hummm, una nueva clasificación? Llevar los buenos dejar los malos? No, doblarlos todos con mucho cuidado para que no se maltraten, llevarlos todos, nunca se sabe en qué momento una vieja lección pueda servir para una enseñanza nueva. .. En fin estoy lista, sólo lo indispensable: el beso más largo que tus labios han dado y un te amo infinito que resopla en el viento.
Central
22:36Las centrales son esos no lugares que tan habituales se han hecho a mis días, despedidas, baños públicos, bienvenidas ,decepciones, butacas incomodas, esperas interminables, flores, revistas, llantos, pañuelos al viento, autobuses, taxis, sonrisas, boletos, encuentros, café, expectativas, teléfonos de monedas, gente, mil gente. Cuando el autobús arriba, siempre te busco con la mirada tras los cristales, es obvio que no estarás, pero me gusta sentir esos cinco segundos de estremecimiento que me permite la imaginación al pensarte. A veces creo que en realidad estas en un no lugar esperando por mí, sólo que difícilmente será mi autobús el que llegue a ese sitio.
2010
0:56El corazón esta vuelto loco entre el querer y no saber cómo o qué.
Vertiginosa esta noche en caída, en algún momento tocaré fondo y entonces estaré a salvo.







